

En una vega de Hinojedo, junto al carril bici que une Suances con el Besaya, hay tres círculos concéntricos de tierra que a pie de campo apenas se leen como unas suaves ondulaciones entre la hierba. Son los restos de la Mota de Trespalacios, una fortificación medieval de tierra y madera que no tiene paralelo conocido en la cornisa cantábrica y que apenas cuenta con equivalentes en toda la Península. Fue excavada en 2006 y el informe de aquella campaña permite contar aquí, con números reales, algo bastante más preciso de lo habitual.
Vistas aéreas de la Mota de Trespalacios, con los tres círculos concéntricos bien visibles desde el aire.
Qué es exactamente una «mota»
Una mota castral es un modelo de fortificación altomedieval que consiste, en esencia, en levantar un montículo artificial de tierra y coronarlo con una torre, rodeándolo de fosos y terraplenes. Es un tipo de castillo anterior a la piedra: rápido de construir, barato y eficaz.
El modelo es enormemente frecuente en la Europa atlántica y central —la motte francesa, la motte and bailey británica, el Turmhügelburg alemán—, y precisamente por eso resulta tan llamativo aquí: en la Península Ibérica es una tipología singular, y en la cornisa cantábrica esta es la referencia. Quien haya visto motas en Normandía o en Inglaterra reconocerá el esquema al instante.
Las medidas reales
La excavación de 2006 levantó la topografía completa del conjunto, así que las cifras no son estimaciones a ojo. El yacimiento se organiza en un montículo central rodeado por una doble línea de muralla terrera con sus dos fosos correspondientes:
El diámetro total del conjunto ronda los 76 metros. El montículo central mide 22 metros de diámetro y sobre él se documentó una cimentación de aproximadamente 16 × 18 metros. A su alrededor, el primer foso tiene 12 metros de ancho y 1,70 de profundidad, y la primera muralla alcanza 46,36 metros de diámetro con 8,50 metros de anchura. Más afuera, el segundo foso mide 10,50 metros de ancho y 1,60 de profundidad, y la segunda muralla llega a 69 metros de diámetro, también con 8,50 metros de anchura.
Conviene advertir que otras fuentes dan el diámetro total en 75 o incluso en 70 metros. La cifra de 76 metros es la que arroja el levantamiento topográfico de los excavadores, y es la que debe prevalecer.
Lo que se sabe y lo que se supone
Aquí conviene una precisión que casi ninguna descripción divulgativa hace, y que sale del propio informe arqueológico.
Es habitual leer que la mota tenía una torre defensiva central y empalizadas de madera sobre las murallas. Eso es una hipótesis de los excavadores, no un hallazgo. El informe lo formula expresamente en condicional: sobre las elevaciones se alzarían una torre central y estacadas. La razón es sencilla y algo melancólica: estas fortificaciones se construían en madera, y la madera no se conserva. Lo que sí se excavó fue la cimentación central de 16 × 18 metros, que es un dato firme y que sostiene razonablemente la hipótesis de la torre — pero hipótesis sigue siendo.
Lo mismo vale para el agua. Se repite que los fosos estaban inundados y que el entorno lacustre reforzaba la defensa. Es coherente con el emplazamiento, en terreno húmedo de vega, pero conviene presentarlo como interpretación del emplazamiento y no como estructura documentada.
El panel interpretativo junto al yacimiento, y el aspecto real de los relieves de tierra a pie de campo.
La excavación de 2006
No fue la primera intervención en el lugar. En 1993 se realizó ya una excavación arqueológica de urgencia, dirigida por Roberto Ontañón —hoy director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC)—, después de que prospecciones superficiales de los años anteriores hubieran recuperado materiales de la Edad del Hierro y restos medievales en el entorno.
Los trabajos arrancaron en la primavera de 2006 y combinaron un repertorio de técnicas poco habitual para un yacimiento de este tamaño: levantamiento topográfico, tres catas arqueológicas, prospección con detector de metales, cinco sondeos en trinchera, seguimiento de excavación convencional y un estudio geofísico completo con prospección electromagnética, georradar y tomografía eléctrica.
La intervención la financiaron la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria y el promotor Tanos4, S.L. (Grupo Pinta), y sus resultados los publicaron Lino Mantecón Callejo y Javier Marcos Martínez en la revista Territorio, Sociedad y Poder, número 3, en 2008. Es la fuente de la que procede prácticamente todo lo que puede afirmarse con seguridad sobre este yacimiento.
2.485 piezas, y casi todas cerámica
Se recuperaron 2.485 ítems, de los cuales la cerámica supone el 98,23%. Es un conjunto muy homogéneo: 94,6% lisa y solo un 5,4% decorada, dentro de la cual dominan los motivos estriados, con un 44%. Los bordes son mayoritariamente rectos —un 84%— frente a un 11% de exvasados, y los fondos, planos. Entre las formas destacan los jarros con pico vertedor.
El dato con más valor cronológico es la presencia de cerámica decorada peinada, un tipo que se encuadra entre los siglos VIII y XI. Un 2,66% de vidriadas y esmaltadas se considera probablemente posterior, es decir, intrusivo.
Junto a la cerámica aparecieron escorias metálicas, fragmentos de clavos y puntas de hierro forjado. Y también, en un plano temporal completamente distinto, lascas de cuarcita y de sílex negro procedentes de un yacimiento paleolítico anterior en el mismo lugar: el sitio ya interesaba a alguien mucho antes de que existieran castillos.
Cuándo se levantó
Esta es la pregunta que más se responde a la ligera. Diversas fuentes divulgativas la fechan sin más entre los siglos X y XI. Los excavadores son bastante más cautos: la cronología «no debe sobrepasar la Plena Edad Media, ni llegar a tiempos anteriores a la Alta Edad Media», con las cerámicas peinadas de los siglos VIII-XI como principal apoyo.
Es decir, una horquilla más amplia que el habitual «siglos X-XI», y honesta: se puede afirmar que es una fortificación altomedieval o plenomedieval, y no mucho más. Merece la pena señalar además que el artículo de Wikipedia dedicado al yacimiento afirma que no se documentan excavaciones arqueológicas, lo cual es sencillamente inexacto: la campaña de 2006 existió y está publicada.
Para qué servía: el camino
La interpretación de los excavadores es que la mota funcionaba como puesto de control o fielato de un camino de trazas antiguas, integrada en una red territorial de fortalezas. No era una residencia señorial ni un castillo de frontera: era un punto de vigilancia sobre una vía de paso.
Y hay un apoyo documental precioso para esa lectura. Un documento del año 998 conservado en el Cartulario o Libro de Regla de la Colegiata de Santillana del Mar menciona una «via antiqua» a su paso por Hinojedo. Es exactamente la clase de camino que una mota como esta estaría vigilando. El informe apunta además a la posible existencia de otro castillo en La Masera del Castío, en el mismo entorno, lo que reforzaría la idea de un sistema y no de una pieza aislada.
Ese carácter de lugar de paso explica muchas cosas de Hinojedo, incluida la Casa de los Arce, que conserva una habitación llamada «el cuarto del viajero».
Qué se ve hoy y cómo llegar
Conviene rebajar expectativas y explicar qué se está mirando, porque quien llegue esperando muros se irá decepcionado. No queda arquitectura en pie: la madera desapareció hace siglos y el montículo y los anillos se leen hoy como relieves suaves sobre la vega. Con la luz rasante de primera o última hora, y sobre todo desde un punto algo elevado, la geometría concéntrica se aprecia mucho mejor.
El yacimiento queda junto al carril bici de Suances a Barros, donde hay un panel interpretativo que explica el conjunto — de hecho, es la mejor manera de incorporarlo a un paseo. El terreno es de vega húmeda, así que después de lluvias conviene calzado adecuado. Es un espacio abierto, sin cierre ni horario.
Protección y nombre
La Mota de Trespalacios figura como Bien Inventariado del Patrimonio Cultural de Cantabria, según publicación en el Boletín Oficial de Cantabria del 16 de diciembre de 2003.
El entorno inmediato del yacimiento ha sufrido además otras pérdidas documentadas. En sus proximidades se había inventariado una cavidad conocida como Cueva de Trespalacios (referencia INVAC 085.014); publicaciones especializadas en patrimonio local señalan que dejó de ser localizable tras las obras de construcción de un aparcamiento junto a la mota, sin que llegara a estudiarse. El caso ilustra la fragilidad de todo este paisaje arqueológico ante el desarrollo urbanístico del entorno, en un patrón que se repite en otros yacimientos de la comarca.
Sobre el nombre: aparece indistintamente como Mota de Trespalacios —la forma que emplean los arqueólogos que la excavaron— y como Mota de Tres Palacios, separado. Ambas remiten al mismo yacimiento.
Un apunte final, no menor: se ha documentado la destrucción de un túmulo prehistórico próximo durante obras de construcción de un aparcamiento. No afecta a la mota, pero da idea de lo frágil que es este paisaje arqueológico.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Mota de Trespalacios?
Una fortificación medieval de tierra y madera en Hinojedo (Suances): un montículo artificial rodeado por una doble muralla terrera con dos fosos, de unos 76 metros de diámetro total.
¿Se puede visitar?
Sí. Es un espacio abierto, libre y sin horario, junto al carril bici de Suances a Barros, con panel interpretativo. Eso sí, no hay ruinas visibles: se ven relieves de tierra.
¿De qué siglo es?
No hay fecha cerrada. Los excavadores la sitúan entre la Alta y la Plena Edad Media, apoyándose en cerámicas peinadas de los siglos VIII-XI. La fecha «siglos X-XI» que circula es una simplificación.
¿Tenía una torre?
Probablemente, pero no está demostrado. Se excavó una cimentación central de unos 16 × 18 metros; la torre de madera que se supone encima es una hipótesis de los excavadores, no un hallazgo.
¿Hay otras motas en Cantabria?
No se conoce ninguna equivalente en la cornisa cantábrica, y en la Península es una tipología singular. En cambio es muy común en Francia, Gran Bretaña y Alemania.
¿Es lo mismo Mota de Trespalacios que Mota de Tres Palacios?
Sí, es el mismo yacimiento con dos grafías. La publicación arqueológica usa «Trespalacios».
¿Está protegida?
Sí, como Bien Inventariado del Patrimonio Cultural de Cantabria, por publicación en el BOC de 16 de diciembre de 2003.
¿Qué se encontró en la excavación?
2.485 piezas, de las que el 98,23% son cerámica, además de escorias metálicas, clavos y puntas de hierro forjado. También lascas de cuarcita y sílex de un yacimiento paleolítico anterior en el mismo lugar.
Qué ver cerca
Hinojedo tiene más historia de la que aparenta. A un paso queda la Casa de los Arce, casa de labranza del siglo XVII con muros de entramado de madera, y la casa de los Velarde, la casa-palacio blasonada del pueblo. Del pasado más remoto habla el castro de Hinojedo, con ocupación desde el Calcolítico. Completan el conjunto la iglesia de San Saturnino y la ermita de San Pedro, de 1659. Y para hacer la visita sobre ruedas, el carril bici de Suances a Barros pasa justo al lado. El resto del municipio, en la guía de los pueblos de Suances.
Fuente principal: Mantecón Callejo, L. y Marcos Martínez, J., «La mota de Trespalacios», Territorio, Sociedad y Poder, nº 3 (2008).


