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Pesaguero

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Pesaguero es la capital del municipio con el mismo nombre que se encuentra en la comarca de Liébana en Cantabria. Limita con Cabezón de Liébana (al norte), con Vega de Liébana (al oeste), con Polaciones (al este) y con la provincia de Castilla y León: Palencia (al sur).

Este municipio tiene una población de unos 320 habitantes y se encuentra situado a 614 metros de altitud sobre el nivel del mar. Pesaguero se compone de las localidades de Avellanedo, Barreda, Caloca, Cueva, Lerones, Lomeña, Obargo, Valdeprado y Vendejo.

La capital municipal tiene una población de unos 40 habitantes y se encuentra situada a 614 metros sobre el nivel del mar y a 129,5 km de Santander, la capital regional. En esta pequeña pero acogedora villa podemos ver el llamado “Castaño de Laparte”, un bello árbol singular, y el río Buyón, afluente del Deva, que pasa cerca de la localidad. Además, desde Pesaguero parte un pequeño sendero que lleva al monasterio de Santo Toribio de Liébana, una bonita ruta por las tierras lebaniegas para los amantes del senderismo, con una longitud total de 23,5 km y una duración aproximada de 6 horas.

En Pesaguero se celebran las fiestas de San Isidro Labrador, el 15 de Mayo, y de San Pedro, el 29 de Junio, además de la fiesta municipal de Nuestra Señora de la Luz, del 8 de Septiembre.

HISTORIA
Se han encontrado indicios y restos de asentamientos prehistóricos en la zona desde la era Paleolítica en las cuevas de Vedejo y Caloca. Más tarde, durante la Edad del Hierro, el territorio de este municipio fue lugar de asentamiento, junto con otros lugares de Cantabria, de los primeros pueblos cántabros, de origen celta.

Ya en la Edad Media, este territorio formó parte del valle de Valdeprado, que se encontraba, a su vez, entre los de la Merindad de Liébana. A partir del año 1000 empiezan a aparecer documentos escritos en los que se citan la mayoría de las localidades que integran el actual municipio de Pesaguero. Por aquel entonces, el dominio de las tierras estaba en manos del conde Don Tello, que las había recibido de su padre, el rey Alfonso XI, en el siglo XIV.

No fue hasta mediados del siglo XV cuando el territorio pasó, por vía directa, a Doña Leonor de La Vega y posteriormente a su hijo, Don Íñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana. Más tarde, el control de las tierras quedó bajo los Duques del Infantado, que lo mantuvo hasta comienzos del siglo XIX.

En 1822 se crearon los ayuntamientos constitucionales, lo que produjo la división del valle de Valdeprado en los municipios de Pesaguero y Perrozo, que posteriormente pasaría a llamarse Cabezón de Liébana, como su capital. En sus inicios, el término de Pesaguero estuvo dentro del partido judicial de Potes, sin embargo, después paso a formar parte del de San Vicente de la Barquera, al que continúa adscrito a día de hoy.



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