Geoparque Mundial de la UNESCO Costa Quebrada: la costa que se está yendo
Empecemos por lo que casi nadie cuenta: «Costa Quebrada» no es un topónimo antiguo. No aparece en apeos, ni en escrituras, ni en cartografía histórica. Es un nombre inventado en 1979 por un poeta de la zona, Jesús Mojas Mauri, para bautizar veinte kilómetros de litoral que hasta entonces se llamaban por sus playas sueltas. Mojas murió en marzo de 2024. Seis meses después, en septiembre, el Consejo de Geoparques Mundiales de la UNESCO aprobó la candidatura que llevaba su nombre. En febrero de 2025 el Gobierno de Cantabria le concedió a título póstumo el I Premio MARE de Medio Ambiente.
Es decir: una de las etiquetas UNESCO de España se llama como la llamó un poeta, y el poeta no llegó a verlo.
La segunda cosa que conviene saber es que este geoparque nació de una marea negra. En noviembre de 2002 el Prestige se partió frente a Galicia; el fuel llegó a Cantabria el 4 de diciembre de 2002. Los vecinos que se organizaron para limpiar estas playas formaron el Grupo para la Recuperación de Costa Quebrada, y en 2003 lo convirtieron en asociación. Veintidós años después, esa asociación de origen ciudadano gestiona un Geoparque Mundial de la UNESCO de 345 kilómetros cuadrados y ocho municipios con 335.000 euros al año y cuatro personas.
Y la tercera, la que ordena todo lo demás: un geoparque de la UNESCO no es una figura de protección. Lo dice la propia directora científica del proyecto, Viola Bruschi: «un Geoparque UNESCO no es una figura de protección, sino de gestión». Eso significa que el sello no prohíbe nada, no expropia nada y no detiene nada. Lo que hay debajo del sello —los parques naturales, la Red Natura, la Ley de Costas— es otra cosa, y en buena parte está sin desarrollar.
Esta página cuenta las tres historias a la vez: la geológica, que es espectacular y está mal contada en casi todas partes; la administrativa, que es más enrevesada de lo que parece; y la de lo que está ocurriendo ahora mismo en estos veinte kilómetros de acantilado. Con fuente para cada dato y diciendo con claridad cuándo las fuentes no se ponen de acuerdo, que en este caso es a menudo.

Datos principales
Nombre oficial: Geoparque Mundial de la UNESCO Costa Quebrada
Origen del nombre: Acuñado en 1979 por el poeta Jesús Mojas Mauri
Aprobación del Consejo de Geoparques Mundiales: 8–9 de septiembre de 2024, 9ª sesión, en el geoparque Non Nuoc Cao Bang (Vietnam)
Ratificación del Consejo Ejecutivo de la UNESCO: 221ª sesión, abril de 2025
Entrega del certificado: 2 de junio de 2025, sede de la UNESCO en París
Entrega de la acreditación: 11 de septiembre de 2025, XI Conferencia Internacional de Geoparques, Temuco (Chile)
Año de designación según la ficha de UNESCO: 2025
Municipios: Santander, Camargo, Santa Cruz de Bezana, Piélagos, Miengo, Polanco, Suances y Santillana del Mar
Superficie total: 345 km² (269,64 km² terrestres + 75,44 km² marinos)
Longitud de costa: Unos 20 km
Población: 251.984 habitantes (dato de 2019)
Entidad gestora: Asociación Costa Quebrada, constituida en 2003
Órgano de gobernanza: Comité de Gobernanza, constituido el 11 de octubre de 2023
Presupuesto 2025: 335.000 euros
Equipo técnico: 4 personas
Lugares de Interés Geológico catalogados: 46 o 56, según el documento oficial que se consulte
Global Geosite: «Dunas de Liencres y litoral de Costa Quebrada», código CB-010 / LIG CV024
Valor científico del LIG según el IGME: 8,5 sobre 10 — «muy alto»
Superficie marina con figura de protección: 15,13 km² de ZEPA, solo por avifauna
Primera revalidación UNESCO: 2028, con entrega del dossier en julio de 2027
Por qué la UNESCO dijo sí: la razón geológica, en una frase
Las fichas turísticas hablan de «paisajes de vértigo» y de «formas caprichosas». La razón real está escrita en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico del IGME y es mucho más precisa: aquí hay «una morfoestructura singular: estratos verticales de rumbo paralelo a la costa, de flanco sinclinal».
Traducido, y merece la pena entenderlo porque explica todo lo que se ve:
Bajo estos veinte kilómetros pasa el sinclinal de San Román–Santillana, un gran pliegue orientado de noreste a suroeste. En sus extremos, las capas de roca que estaban horizontales quedaron basculadas hasta la vertical. Y esas capas verticales corren paralelas a la línea de costa.
Ahí está la clave. El mar no ataca una pared homogénea: ataca una sucesión de láminas puestas de canto, unas duras y otras blandas, dispuestas como los lomos de los libros en una estantería. La jerarquía la establecieron en el campo los geólogos del propio proyecto:
– Aptiense: caliza resistente.
– Albiense: limolitas y areniscas, erosionables.
– Cenomaniense: calcarenitas, que en El Portío levantan cuarenta metros de acantilado.
– Turoniense: margas, la unidad más erosionable de todas.
– Coniaciense: caliza resistente otra vez.
El oleaje excava las láminas blandas y deja en pie las duras. El resultado, repetido miles de veces a lo largo de la costa, es el catálogo entero de formas que da nombre al geoparque: ensenadas elípticas donde había marga, crestas y agujas donde había caliza, arcos donde la ola atravesó una lámina, islotes alineados donde el acantilado ya retrocedió y dejó atrás los testigos.
Por eso el IGME le pone al sitio un valor científico de 8,5 sobre 10 — «muy alto», un valor didáctico de 8,5 y una prioridad de protección alta. No es paisaje bonito: es un libro de texto de geomorfología litoral al que se puede llegar en autobús urbano desde Santander.
La escala del tiempo, y las contradicciones que nadie corrige
Aquí hace falta un aviso de honestidad, porque este es el punto donde las fuentes del propio geoparque se contradicen entre sí y la mayoría de las webs que copian no lo advierten.
La ventana temporal. La web oficial habla de «los últimos 125 millones de años». La ficha de la UNESCO dice 120. En medio hay una columna estratigráfica completa, que sí es sólida y que va de la caliza urgoniana del Aptiense (unos 125 millones de años), con sus arrecifes de rudistas y corales, hasta las calizas nummulíticas del Eoceno, pasando por el límite Cenomaniense–Turoniense y por el límite Cretácico–Paleógeno, el de la extinción de los dinosaurios, que aquí aflora.
El plegamiento. Tres cifras distintas, todas en documentos del geoparque: 37 millones de años en el itinerario geológico de Altamira, 40 millones en el Kit Informador y en el anexo de Santander, y 45 a 20 millones en la web histórica del proyecto. La causa sí es la misma en todas: la colisión de África con la placa ibérica.
Las rasas. Aquí la discrepancia es mayor y conviene explicarla, porque las rasas son la forma más importante del conjunto. Son plataformas de abrasión marina labradas al nivel del mar y después levantadas por la tectónica: escalones fósiles de costas antiguas, hoy colgados sobre el mar actual. El Kit Informador las sitúa en el Cuaternario, la ficha del IGME entre el Pleistoceno inferior y el Holoceno, la bibliografía científica de referencia apunta al Plioceno para las superficies más altas del Cantábrico… y la página oficial de la UNESCO dice que se formaron «entre hace 55 y 5 millones de años», una cifra incompatible con todas las demás y con el propio concepto de rasa cuaternaria. Probablemente la ficha de la UNESCO esté datando el levantamiento tectónico y no las plataformas, pero eso es una interpretación razonable, no lo que dice el texto.
La Formación Sardinero. El geoparque le atribuye unos 600 metros de potencia entre sus dos tramos. El único artículo científico reciente revisado por pares centrado en Costa Quebrada —Bahamonde y Herrera, Revista de la Sociedad Geológica de España, 2025— da hasta 450 metros y una edad Turoniense–Campaniense, con una tasa de sedimentación de unos 5 centímetros cada mil años. Es la fuente primaria y es la que debería prevalecer.
Y hay dos errores internos que merece la pena señalar sin acritud, porque cualquiera que use estos materiales los va a arrastrar: la línea geológica del geoparque asigna al Luteciense 54 millones de años, cuando en la escala cronoestratigráfica internacional está entre 47,8 y 41,2; y su documento de evolución histórica rotula un «Pleistoceno Superior (3,6–2,5 Ma)» más antiguo que el «Pleistoceno Medio (2,5–1,8 Ma)», lo que es imposible.
Nada de esto invalida el geoparque. Lo que dice es que el material divulgativo necesita una revisión, y que conviene citar el artículo de 2025 antes que los folletos.
Las formas, una a una
Los urros
Son la imagen de marca. El geoparque los define como una «hilera de islotes residuales en el mar» que son «los testigos de la antigua línea de costa», formados por las calizas duras del Aptiense. En terminología internacional son stacks, farallones: lo que queda cuando el acantilado retrocede y abandona detrás los trozos que no pudo romper.
Los Urros de Liencres son el conjunto catalogado (CQ09). El más fotografiado, el llamado Urro del Manzano o «Puerta del Mar», es en realidad un arco, y conviene decir que ese nombre solo aparece en fuentes divulgativas: no está en la documentación del geoparque ni en la del IGME.
La palabra «urro» tiene una etimología que circula mucho y que hay que tomar con pinzas: se dice que la raíz prerromana urr- significaría cerro o promontorio, y por extensión islote rocoso. No hay fuente filológica solvente que lo respalde; la propia Wikipedia, de donde sale, dice «probable». El geoparque publicó un material específico sobre el asunto en sus redes que no es accesible desde aquí.
El socavón de Pedrondo
Es, con diferencia, la forma más singular del catálogo y la que menos gente conoce. Un agujero de 985 metros cuadrados y 42 metros de profundidad, con unos 18.000 metros cúbicos excavados, abierto en las calcarenitas de la Formación Altamira. El mecanismo: la ola se mete por una vía de debilidad al pie del acantilado, excava por dentro, descalza la bóveda y el techo se hunde. Un colapso, no una cala.
El geoparque ha reconstruido la secuencia completa de cómo nace una ensenada en esta costa, y es la mejor explicación que existe de por qué el litoral tiene esta forma: primero un embudo, luego una ensenada, luego —al retroceder la costa— el oleaje arrasa el suelo rocoso y crea la plataforma de abrasión, con sus crestas y sus pequeñas piscinas; y por último la apertura final, con playa.
Hay otras dos dolinas de colapso catalogadas: el Pozo Tremeo, en Polanco, y el Pozón de la Ruperta.
El tómbolo de Covachos
La playa de Covachos (CQ01) tiene delante la isla de El Castro, y las une una lengua de arena que aparece y desaparece. El mecanismo es elegante: el oleaje se difracta al rodear el islote y genera detrás una zona de sombra energética donde la arena se deposita. Los acantilados que festonean la playa están hechos de ritmitas margo-calizas con buzamiento subvertical: las láminas de canto, otra vez.
Es el único geositio del que existe una advertencia de seguridad documentada, y es importante: el tómbolo solo existe con marea baja. Si la marea empieza a subir, el pasillo desaparece rápido.
La plataforma de La Arnía
La Arnía (CQ02) es el geositio más visitado y el más fotografiado al atardecer. Lo que se ve es una plataforma de abrasión de planta elíptica labrada sobre margas muy erosionables, alternando con capas algo más resistentes de calizas margosas, con el relieve residual de El Castruco en medio y una hilera de agujas y peñones al fondo.
El sistema dunar de Liencres
Es el otro gran argumento del geoparque, y aquí la afirmación es rotunda y viene del IGME: el sistema dunar de Liencres «es el de mayor desarrollo de la costa cantábrica», está «muy bien conservado» y es «un elemento singular y único».
Las cifras: 1.500 metros de playa, una flecha litoral de 750 metros, dunas primarias de 10 a 15 metros de altura, dunas secundarias y terciarias, y —esto es lo más raro— dunas remontantes que suben la ladera del monte Tolío, con corredores interdunares entre ellas. La fábrica de arena es el estuario del Pas: el río trae el sedimento, el mar lo devuelve, el viento lo sube.
Con una advertencia de la bibliografía científica que conviene no saltarse: «todos los campos dunares de Asturias y Cantabria han sufrido un retroceso natural debido a la subida del nivel del mar y a los episodios de marejada continuos, cada vez más frecuentes».
Y el fósil que no está en ningún otro sitio de Europa
Si hay un dato que por sí solo justifica el rango internacional del lugar, es este: en esta costa se ha registrado Libycoceras ismaelis, un ammonites cuya presencia aquí es la única conocida en Europa, junto con formas de transición entre géneros de ammonoideos.
Y el hardground que corona la Formación Altamira contiene «comunidades excepcionalmente preservadas de esponjas, corales, nautiloideos y equinodermos». A eso se suman los rudistas del arrecife aptiense de La Magdalena (Pseudotoucasia santanderiensis, de más de 120 millones de años), los erizos Micraster de Portío y Cerrias, los Schizaster del Eoceno, los nummulites, y los cangrejos conservados en pirita que cita la propia UNESCO.
¿46 geositios o 56? La cuenta no cuadra
Es la contradicción más incómoda del expediente y no la ha resuelto nadie.
El mapa oficial de Lugares de Interés Geológico del geoparque numera 46 sitios, de CQ01 a CQ46. El documento oficial «Patrimonio Geológico», del mismo geoparque y del mismo mes, da 56, con este desglose: 30 de interés geomorfológico, 11 tectónico, 13 estratigráfico y paleontológico, y 2 mineralógico.
Diez sitios de diferencia. La explicación más probable es que el documento temático incluya lugares que no están cartografiados en el mapa —la ensenada de El Madero, el Hundimiento de Polanco, la serie del Aptiense de Los Caballos y algunos más aparecen en las listas sin código CQ—, pero eso es una inferencia, no un dato publicado.
Conviene aclarar además algo que se confunde constantemente: esos 46 o 56 «LIG CQ» son el catálogo propio del geoparque, no están inscritos individualmente en el Inventario Español. En el inventario del IGME hay un solo registro, el CV024 / CB-010, «Dunas de Liencres y litoral de Costa Quebrada», con 1.267,44 hectáreas y siete localidades dentro: La Arnía, El Castruco, Covachos, Somocuevas, El Portío, La Balsega y Liencres. Ese es el que tiene rango de Global Geosite, desde 2019.
La candidatura que fue rechazada por unanimidad
Esta parte casi nunca se cuenta, y es la más interesante del expediente administrativo.
Costa Quebrada no entró en la UNESCO a la primera. La Comisión Nacional Española de Geoparques cursó la manifestación de interés en noviembre de 2021, y el Consejo de Geoparques de la UNESCO —doce expertos independientes en geopatrimonio— rechazó la candidatura por unanimidad en su séptima sesión. En aquella tanda el sitio elegido en España fue Cabo Ortegal, en Galicia.
Los motivos del rechazo, según el informe recogido por la prensa, fueron concretos y duros: no cumplía aún los criterios; faltaba gestión conjunta con otros sitios UNESCO del entorno; no había conexión con el patrimonio cultural; el equipo estaba formado «mayoritariamente por personal voluntario, lo que puede poner en peligro la sostenibilidad»; el plan de gestión estaba incompleto; y había un conflicto de marca entre las denominaciones «Parque Geológico» y «Geoparque».
El informe incluía una recomendación textual: «Tanto el Museo Nacional de Altamira como el Mupac de Santander pueden convertirse en sedes emblemáticas».
Lo que pasó después es un caso de manual de cómo se corrige un expediente. Se constituyó un comité científico con 21 miembros en abril de 2022. Se creó un Comité de Gobernanza el 11 de octubre de 2023 en Liencres, presidido por el consejero de Fomento y Medio Ambiente, con los ocho alcaldes dentro, precisamente para responder a la recomendación de «fortalecimiento de la estructura de gobierno». Se profesionalizó el equipo. Y se ató el geoparque a Altamira y al MUPAC, exactamente como el informe pedía: hoy Altamira es una de las sedes del programa de rutas y el MUPAC aparece entre los museos del territorio.
En la segunda vuelta, los evaluadores llegaron la semana del 8 de julio de 2024: Helga Chulepin, uruguaya, directora de dos geoparques y con catorce evaluaciones a sus espaldas, y João Carlos Nunes, azoriano, fundador del geoparque de las islas portuguesas. Chulepin habló al terminar de «singularidades muy particulares y de gran valor internacional y global».
Dos meses después, el geoparque estaba aprobado.
Cuatro fechas para una declaración, y ninguna coincide
Si alguien busca «cuándo se declaró el Geoparque Costa Quebrada» va a encontrar cuatro respuestas distintas, y todas son verdad. Merece la pena ordenarlas porque es un lío que arrastra toda la prensa.
8 y 9 de septiembre de 2024. El Consejo de Geoparques Mundiales de la UNESCO —el órgano técnico— aprueba la candidatura en su novena sesión, celebrada en el geoparque Non Nuoc Cao Bang, en Vietnam. Fue una de dieciséis nuevas designaciones. Ese día la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, habló de «un día feliz» y de un reconocimiento que «catapulta nuestro prestigio».
Abril de 2025. El Consejo Ejecutivo de la UNESCO —el órgano político— ratifica formalmente la designación en su 221ª sesión. Aquí hay una discrepancia que no he podido resolver: la agencia Europa Press situó la aprobación en la noche del 10 de abril, mientras la Representación Permanente de España ante la UNESCO y la propia UNESCO publicaron sus notas el 17 de abril hablando de «este jueves». No he localizado el número de decisión de la sesión, que lo zanjaría. Con esa tanda la red mundial pasó a 229 geoparques en 50 países y España a 18, segundo país del mundo tras China.
2 de junio de 2025. Entrega del certificado en la sede de la UNESCO en París.
11 de septiembre de 2025. Entrega de la acreditación oficial en la XI Conferencia Internacional de Geoparques Mundiales, en Temuco, región de La Araucanía, Chile. La recogió Roberto Media, presidente del Comité de Gobernanza.
Y por si faltaba algo: la ficha oficial de la UNESCO da 2025 como año de designación, mientras el informe anual que el propio geoparque envía a la Global Geoparks Network escribe «Year of inscription: 2024 (Official inscription following certificate awarded in June 2025)».
La respuesta honesta a la pregunta es, por tanto: aprobado en septiembre de 2024, ratificado en abril de 2025.
Lo que el sello no hace
Aquí llega la parte incómoda, y es la que convierte esta página en algo más que una ficha turística.
El geoparque no protege. No es una figura de conservación sino de gestión, como recuerda su directora científica. No tiene normativa propia. La protección jurídica efectiva de su tramo estelar viene del Parque Natural de las Dunas de Liencres y Costa Quebrada, declarado por la Ley de Cantabria 2/2021, de 28 de abril, con 1.753,14 hectáreas en solo tres de los ocho municipios —Piélagos, Miengo y Santa Cruz de Bezana—, y del PORN aprobado por Decreto 60/2017, que es la norma que contiene las prohibiciones concretas.
Y esos parques no tienen plan de gestión. El 22 de septiembre de 2025 —hace hoy exactamente un año— el Parlamento de Cantabria aprobó por unanimidad de PP, PRC, PSOE y Vox una proposición no de ley para que el Gobierno aprobase los Planes Rectores de Uso y Gestión de todos los parques naturales de la región. La iniciativa señalaba expresamente, entre los espacios sin PRUG vigente, el Parque Natural de las Dunas de Liencres y el Parque Natural Estuario del Pas y Costa Quebrada. Los dos que solapan con el geoparque. No he podido verificar que se haya aprobado ninguno en el año transcurrido.
El diputado socialista Pablo Zuloaga lo resumió así en aquel debate: «Todo prado, toda duna, toda playa, todo río, toda costa… es susceptible de ser un bien inmobiliario».
Los 75 kilómetros cuadrados de mar están casi desnudos. El área marina del geoparque va de la península de La Magdalena a Santa Justa. Lo único que tiene figura de protección es la ZEPA ES0000492 «Espacio marino de los Islotes de Portios-Isla Conejera-Isla de Mouro», declarada por la Orden AAA/1260/2014, de 9 de julio, con 15,13 kilómetros cuadrados —en torno a una quinta parte del total— y solo por avifauna: el paíño europeo y el cormorán moñudo atlántico. No existe ninguna figura para los hábitats del fondo marino, ni reserva pesquera.
Antonio Punzón, investigador del Instituto Español de Oceanografía-CSIC, lo formuló en marzo de 2026 con una frase que acabó siendo titular: «La apuesta única por el crecimiento sin control es un suicidio». Y añadió el diagnóstico técnico: «todos los sistemas tienen una capacidad de carga. Y llevamos superando esa capacidad de carga mucho».
La crítica más dura, sin embargo, vino de dentro. Javier Álvaro Apezteguía, responsable de educación del propio geoparque: «de lo que está protegido tampoco se hace una gestión adecuada».
Y todo eso se gestiona con 335.000 euros. El desglose está en la página de transparencia del geoparque: 250.000 euros de Medio Ambiente, 60.000 de Turismo, 15.000 de Biodiversidad y 10.000 de Universidades. Cuatro personas en el equipo técnico. Para 345 kilómetros cuadrados, ocho municipios y 252.000 habitantes.
La Maruca: doce metros y un vertedero
Si hay un punto donde se concentra todo lo anterior, es una playa pequeña de Santander llamada La Maruca, o Pinquel.
En enero de 2026 se difundió un estudio de las universidades de Cantabria y Oviedo, firmado por Jaime Bonachea y Germán Flor y publicado en la revista Earth, que midió allí lo que nadie había medido: la línea de costa ha retrocedido 12 metros en 40 años, entre 1984 y 2024. El área de depósitos se redujo en 460 metros cuadrados, de 2.910 a 2.450. Cita textual del estudio: «La migración hacia tierra de la playa es de aproximadamente 12 metros en 40 años, como consecuencia del ascenso del nivel del mar y a la modulación del régimen de oleaje en el Cantábrico».
En octubre de 2024, en el entorno de esa misma playa, un reportaje documentó un vertedero incontrolado dentro del geoparque: restos de tejado de uralita —es decir, amianto—, cableado quemado de forma sistemática, tierra calcinada. La degradación se extendía desde La Maruca hasta la Virgen del Mar. Un voluntario de Centinelas Cantabria lo contaba así: «Llevo 11 años haciendo esto y la denuncia de esta escombrera al Ayuntamiento queda registrada… No vemos que hagan nada. Sigue la basura y es grave que haya basura tóxica como chapas de uralita». Y cerraba con una frase que resume el debate entero: «Esperamos que la figura del geoparque obligue a los políticos a hacer algo».
El mismo punto del mapa donde la universidad mide el retroceso del mar es el punto donde llevan once años denunciando amianto sin que se retire.
Sobre la erosión hay que ser preciso, porque existe una segunda lectura. En octubre de 2025, un estudio de IHCantabria encargado por la Autoridad Portuaria de Santander concluyó que el sistema de playas de la bahía está en «equilibrio dinámico», con tasas de retroceso muy reducidas: Loredo pasó de 1,7 metros al año en 1960-1990 a 0,50 en 2016-2024; Somo, de 1,5 a 0,20. No son datos incompatibles con los de La Maruca —hablan de playas interiores del estuario, no de costa abierta—, pero conviene saber que el segundo estudio lo paga el promotor de los dragados. El director de IHCantabria, Raúl Medina, lo matizó él mismo: «esta estabilidad es el punto de partida, no la meta».
Sobre el retroceso del acantilado hay una cifra publicada, y hay que citarla con cuidado: el artículo de Rueda, Costales, Bruschi y otros (2024) da para el conjunto de la costa cantábrica una tasa media de 0,042 metros al año y máximas de hasta 0,4. Pero es un estudio de escala regional que no mide Costa Quebrada. Una tasa de retroceso medida específicamente en La Arnía, Covachos, El Portío o Somocuevas no existe publicada.
Lo que sí existe es un dato con fecha y nombre: el 28 de febrero de 2017 colapsó la Aguja de Las Gaviotas, un farallón entero. Y la guía de campo del proyecto anota que los deslizamientos rotacionales ocurren cada año durante los temporales.
Vuelta Ostrera: veintiún años de sentencia sin cumplir
En el extremo occidental del geoparque, en Suances, hay una depuradora que un tribunal ordenó demoler hace veintiún años.
La sentencia de la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, de 26 de octubre de 2005, ordena la demolición de la EDAR de Vuelta Ostrera. El motivo: la parcela de 87.450 metros cuadrados está en dominio público marítimo-terrestre, y la Ley de Costas solo permite ocuparlo con instalaciones que «por su naturaleza no puedan tener otra ubicación». La demandante fue ARCA. En 2013 el Supremo tuvo que ordenar de nuevo la ejecución de su propia sentencia.
El estado del expediente, según la ficha oficial de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico actualizada a mayo de 2026: proyecto de demolición redactado por 15.302.024,14 euros; información pública cerrada en enero de 2024; remitido al órgano ambiental en febrero de 2025; y procedimiento de evaluación de impacto ambiental suspendido, pendiente de que se resuelva la depuradora alternativa. La demolición no puede ejecutarse hasta que la nueva esté en funcionamiento, y la nueva sigue sin emplazamiento decidido.
ARCA lo resume sin matices: «No hay voluntad de cumplir la sentencia».
Dos banderas negras, las dos aquí
El 30 de junio de 2026, Ecologistas en Acción otorgó a Cantabria dos banderas negras. Las dos están dentro del geoparque.
La primera, a la playa de Usgo (Miengo), por el vertido industrial del Grupo Solvay: un emisario submarino de medio metro de diámetro que se adentra 700 metros en el mar y descarga a 14 metros de profundidad un volumen autorizado de 43.200 metros cúbicos al día —más de trece millones al año— con amoniaco, cloruro cálcico y metales pesados. La denuncia se ha repetido en 2020, 2021, 2024 y 2025. Conviene corregir un dato del propio comunicado: habla del «Área de Protección Marina del Geoparque (345 km²)» cuando 345 es la superficie total y el área marina son 75.
La segunda, a la senda costera de Santander, por haber «alterado significativamente sus valores paisajísticos, geológicos y patrimoniales mediante obras» innecesarias. Ramón Sáez, de Ecologistas en Acción, lo describió así: el proyecto «nació fallido», las obras empezaron en primavera de 2014 y quedaron paralizadas ese mismo otoño, y desde entonces el espacio está «abandonado en todos los aspectos», con materiales en estado de ruina que provocan «un daño ecológico» y «un peligro para la ciudadanía».
Esa frase se escribió en julio de 2026. Cuatro meses antes, en esa misma senda, había muerto gente.
El Bocal: lo que hay que saber antes de ir
Este apartado no es agradable, pero es el más importante de la página en términos prácticos.
El martes 3 de marzo de 2026, hacia las 16:30, un grupo de siete jóvenes cruzaba una pasarela de madera de la senda costera entre El Bocal y el Instituto Español de Oceanografía, en Santander, cuando la estructura se desplomó y los precipitó al agua y a las rocas al pie del acantilado. Murieron seis personas, cinco aquel día y una más cuyo cuerpo se halló el 5 de marzo. Eran estudiantes de entre 20 y 25 años de un centro de formación profesional. Una superviviente fue rescatada con hipotermia.
El 4 de marzo, la Dirección General de Costas solicitó precintar varias pasarelas de la ronda litoral en esa zona —concretamente las que «salvan algún tipo de vacío»—, que permanecerían cerradas hasta completar una inspección de las estructuras. El 11 de marzo el Ayuntamiento de Santander cerró más espacios «por prudencia», y su alcaldesa reconoció que un agente de la Policía Local no había atendido adecuadamente el aviso de un vecino sobre la pasarela rota el día anterior al accidente. El Ayuntamiento afirmó no haber recepcionado ni verificado nunca la pasarela y señaló a Costas como responsable del mantenimiento.
Han pasado seis meses y no consta ninguna noticia de reapertura. Antes de recorrer la senda costera de Santander —El Bocal, la Virgen del Mar, La Maruca, Cabo Mayor— hay que confirmar con el Ayuntamiento de Santander y con la Demarcación de Costas en Cantabria qué tramos y qué pasarelas están abiertos. No es una recomendación de manual: es la consecuencia directa de un accidente con seis muertos en el que la propia administración reconoció fallos de aviso y un conflicto de competencias sobre el mantenimiento.
Cómo visitarlo
No hay geo-rutas numeradas
Conviene saberlo para no buscar lo que no existe: a diferencia de otros geoparques españoles, Costa Quebrada no tiene una red propia de senderos homologados y numerados. Lo que hay es un programa de rutas guiadas y el apoyo en la senda costera existente.
Turismo de Cantabria incluye «Costa Quebrada» entre sus sendas costeras oficiales y la describe como un sendero señalizado que arranca en el Parque Natural de las Dunas de Liencres, junto a la desembocadura del Pas, de unos 10 kilómetros ida y vuelta, con acceso a las playas de Somocuevas, La Arnía y Covachos. La web histórica del proyecto habla en cambio de una «Ruta de la Geodiversidad» de unos 20 kilómetros entre Liencres y la península de La Magdalena. Son descripciones distintas del mismo litoral y no está claro que sean el mismo itinerario. Ni la dificultad ni el desnivel de la senda están publicados.
El programa de rutas guiadas
Es la mejor forma de verlo, y buena parte es gratuita con inscripción previa. El geoparque organiza dos programas al año.
En verano, rutas por municipios: «Historia de dos playas» en Suances, «PasaxlaPicota» y «PasaxVioño» en Piélagos, «La tierra que nos arropa» en Santillana del Mar, «La Castañera de Peñas Blancas» y «Una selva de otro tiempo. Peña Jorao» en Camargo, «Paseo cultural en Polanco» y «Pozo Tremeo. El último refugio del misterio» en Polanco. Duraciones de hora y media a dos horas y cuarto. Se reservan en la oficina de turismo o la empresa de cada municipio.
En otoño, las Jornadas de Divulgación, con once rutas interpretativas gratuitas entre finales de noviembre y el 21 de diciembre: desde «Entre alas y acantilados: las aves del Cantábrico» en San Juan de la Canal hasta «Suances entre mareas y terrazas», pasando por «Altamira y Costa Quebrada: el paisaje que sostiene la historia» en el Museo de Altamira, «Santander bajo nuestros pies», «El espejo celta en Pozo Tremeo» y «Paisaje en movimiento: dunas, pinos y costa viva» en el pinar de Liencres.
Teléfono de actividades y reservas: 604 455 946, de 9:30 a 17:00. Y una advertencia: las fechas concretas cambian cada año y las publicadas corresponden a la edición anterior. Hay que comprobarlas.
Lo que no existe es un centro de visitantes del geoparque. Hay una sede administrativa en Soto de la Marina, pero no consta que sea un equipamiento visitable. Los equipamientos de referencia son el Museo de Altamira, el MUPAC y el Museo Marítimo del Cantábrico, y sus horarios y precios hay que consultarlos en cada uno.
La marea lo decide todo
Es el consejo que más rendimiento da en esta costa. Buena parte de las formas que dan nombre al geoparque —urros, arcos, tómbolos, socavones, plataformas intermareales— solo quedan al descubierto con la marea baja. Con la marea alta, varias playas encajadas desaparecen literalmente y las plataformas se cubren.
El caso documentado es el tómbolo de Covachos: solo existe en bajamar. Para La Arnía, los Urros, El Madero, Somocuevas y Portío la lógica es la misma por la morfología del litoral, pero no hay ningún documento oficial que enumere qué geositios exigen marea baja, y conviene decirlo así en lugar de dar por bueno lo que no está escrito.
Las tablas de mareas institucionales para Santander están en Puertos de Cantabria y en la Autoridad Portuaria de Santander.
El acceso, que es el problema
Valdearenas y Canallave, en Liencres, son los puntos más saturados y hay constancia oficial del problema: en diciembre de 2024 el BOE publicó el anuncio de la solicitud del Ayuntamiento de Piélagos para «adecuación y limitación de accesos» en su aparcamiento, y el Gobierno de Cantabria refuerza cada verano la vigilancia y el control de accesos. En julio de 2026 la asociación AVIP denunciaba que la videovigilancia y el control de aforo no habían resuelto el caos: atascos, aparcamiento ilegal sobre las dunas protegidas, capacidad insuficiente e imposibilidad de acceder a la playa para mucha gente los fines de semana.
Lo que va a cambiar tiene nombre y presupuesto: el proyecto europeo Smart Coast, vigente del 1 de julio de 2026 al 31 de diciembre de 2027, con 1,18 millones de euros (75 % FEDER), va a instalar en Valdearenas, Canallave y La Arnía cámaras con inteligencia artificial para medir ocupación, paneles digitales y webs con datos de ocupación en tiempo real, aparcamiento de bicicletas videovigilado y servicios lanzadera. Está en marcha: merece la pena comprobar si ya hay paneles publicados antes de coger el coche.
En La Arnía hay un aparcamiento disuasorio abierto en agosto de 2023, de material granular, solo para vehículos de hasta 5,5 metros, con dos plazas para personas con movilidad reducida y pernocta prohibida entre la 1:30 y las 7:00. En verano existe además una línea de autobús lanzadera, la S8, entre Santander y las playas de Liencres, con ocho salidas diarias en julio y agosto —hay que confirmar si opera cada temporada—. Y hay estaciones de cercanías en Boo de Piélagos y Mogro.
Del resto de geositios —Covachos, Portío, Somocuevas, los Urros, El Madero, la Virgen del Mar, Cuchía— no hay información oficial publicada sobre accesos ni plazas de aparcamiento. Ni una.
Qué está prohibido
El geoparque no tiene normativa propia. Las prohibiciones vienen del PORN aprobado por Decreto 60/2017, y aplican dentro del Parque Natural, es decir en Piélagos, Miengo y Santa Cruz de Bezana:
– Extraer rocas, minerales y fósiles, salvo autorización por investigación científica o educación ambiental (art. 24.b). Es la norma que más se incumple y la que más daño hace en un sitio cuyo valor es precisamente geológico.
– Encender fuego fuera de los lugares habilitados (art. 23.k).
– Acampar o vivaquear (arts. 33 y 37).
– Circular o estacionar vehículos fuera de las zonas habilitadas (art. 23.s y 33.f).
– Transitar por las dunas fuera de las zonas habilitadas (art. 34.2.e).
– Sobrevolar sin autorización a menos de 500 metros sobre la cota máxima (art. 23.m), lo que afecta de lleno a los drones. A eso se suman las restricciones de AESA y el mapa de ENAIRE, que hay que consultar aparte.
– Escalar, salvo actividades autorizadas de interés científico (art. 33.o).
Y dos avisos prácticos: la roca de esta costa es afilada, así que el calzado de suela lisa es mala idea; y un día de viento fuerte del norte o del sur puede arruinar el paseo.
Cuándo ir
Turismo de Cantabria recomienda fuera de la temporada estival para quien busque soledad y fotografía de paisaje, por las «luces y meteorología dramáticas». Lo que conviene evitar está documentado: fines de semana y festivos de julio y agosto en Liencres, marea alta si el objetivo son las formas del litoral, y días de viento fuerte.
Para aves, el propio geoparque programa su ruta ornitológica a finales de noviembre, lo que indica que considera el final del otoño buena época en este litoral.
Lo que la roca explica de la gente
Hay una frase en la línea geológica del geoparque que vale por un capítulo entero. Al describir el Cenomaniense, hace unos 99,6 millones de años, dice que produjo las calcarenitas ocres, «la roca en la que nuestros antepasados pintaron sus creencias» en Altamira.
Ahí está la conexión que justifica que un geoparque hable de prehistoria. La caliza cretácica se disuelve con el agua; la disolución abre dolinas y cuevas; las cuevas dan refugio habitable y, además, una pared donde pintar. Sin karst calcáreo no hay Altamira.
De las dieciocho cuevas que integran el bien Patrimonio Mundial «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España» —Altamira inscrita en 1985, las otras diecisiete en la ampliación de 2008—, dos están en municipios del geoparque: Altamira, en Santillana del Mar, y El Pendo, en Camargo.
El Pendo merece más atención de la que recibe. Su Friso de las Pinturas —unos 25 metros y una veintena de figuras, ciervas sobre todo, en rojo de óxido de hierro, datadas en torno a 20.000 años— se descubrió por casualidad en agosto de 1997, después de más de un siglo de excavaciones en la cueva. La cavidad acumula unos 82.000 u 84.000 años de ocupación, según la fuente, desde los neandertales hasta la Edad del Bronce, y de ella salió una de las mejores colecciones de arte mueble de la península.
Y hay más, fuera del Patrimonio Mundial pero dentro del geoparque: Covalejos, en Velo de Piélagos, con cinco metros de potencia y unos 80.000 años de registro, siete niveles musterienses y dos auriñacienses; El Juyo, en Igollo de Camargo, con su enigmático «santuario» magdaleniense y el panel de protomos, hoy cerrada por un desprendimiento; y Santián, en Piélagos, una de las primeras cuevas con arte paleolítico descubiertas en la cornisa cantábrica, publicada ya en Les cavernes de la région cantabrique en 1911.
El geoparque añade un detalle que cambia la escala mental de la visita: en los periodos glaciales, con el nivel del mar mucho más bajo, los habitantes de Altamira cruzaban llanuras costeras para llegar a la orilla, unos cinco kilómetros mar adentro de la costa actual, a pescar. Una conferencia del propio geoparque elevó esa distancia a diez kilómetros; doy las dos cifras porque las dos circulan.
Y lo que la industria se llevó
En 1988, las voladuras de una cantera en Cuchía (Miengo) hicieron desaparecer la cueva de La Pila con su yacimiento paleolítico. Los materiales que se pudieron salvar están en el Museo de Altamira.
Es un dato que conviene tener presente cuando se habla de este territorio como patrimonio de la humanidad: dentro de lo que hoy es un Geoparque Mundial de la UNESCO, la industria destruyó un yacimiento del Paleolítico hace menos de cuarenta años. Y la misma cantera de Cuchía sigue siendo hoy objeto de expedientes: en febrero de 2025 el Ayuntamiento de Miengo alegó contra un depósito de residuos inertes de 137.624 metros cuadrados que, entre otras cosas, destruiría una cueva catalogada, «El Nobre», con cerámicas prehistóricas.
El resto de la huella industrial también está aquí: la mina de hierro La Paulina, en Camargo, explotada desde 1865 y en manos de la escocesa William Baird and Company entre 1886 y 1941, con unos cuatrocientos mineros y una huelga en 1931 que duró casi treinta meses y acabó en derrota total; las canteras de «piedra de Escobedo», con su variedad conchífera llamada «caracolillo», una decena de explotaciones en Camargo en los años veinte; y los oficios que se extinguieron con ellas.
Cinco piezas que casi nadie enseña
El pinar de Liencres no es un bosque: es una obra pública. Se plantó entre 1949 y 1973 mediante un consorcio entre la Diputación, el Patrimonio Forestal del Estado y la Junta Vecinal de Liencres, para fijar las dunas móviles y detener su avance. Se usó pino marítimo y, en menor medida, piñonero y pino de Monterrey, que es californiano. Ocupa 140 de las 195 hectáreas del parque natural original. Hoy bajo su sombra crecen especies leñosas, orquídeas y herbáceas nemorales que han aumentado la biodiversidad del conjunto: una plantación industrial convertida en valor ecológico. El contrapunto está a pocos kilómetros, en Cuchía, donde un campo dunar de 1.300 por 200 metros se restauró con especies autóctonas y los expertos lo reconocieron como «excelente muestra de un campo de dunas regeneradas».
La isla de Mouro se llama así por una errata. En los documentos del siglo XVI era «isla de Mogro», o Peña Mogru. En el siglo XVIII, un error de transcripción del cartógrafo Vicente Tofiño de San Miguel en el Atlas Hidrográfico de España la convirtió en Mouro, y así se quedó. Es la única etimología verdaderamente documentada de todo este litoral. Su faro se encendió el 15 de febrero de 1860, estuvo habitado por dos fareros hasta 1921 y el oficio dejó varias muertes: un farero arrastrado por una ola en 1865, otro fallecido en un temporal a mediados de los noventa del XIX, y el hijo de un farero al resbalar en las rocas. La isla es reserva marina desde 1986 con un perímetro de 300 metros y ZEPA desde 2014. El faro, en cambio, no tiene ninguna protección patrimonial.
Los búnkeres del monte Picota nunca dispararon. Entre Mortera y Liencres hay veinticinco nidos de ametralladora unidos por trincheras, dispuestos en C y orientados al mar, construidos por el gobierno republicano en 1937 ante un desembarco que nunca llegó: los nacionales atacaron por tierra. Después, en la Segunda Guerra Mundial, Franco los reactivó por temor a una intervención aliada, y los ocuparon las mismas fuerzas contra las que se habían levantado. Se abandonaron tras Normandía.
Dos molinos de marea. El de San Juan de la Canal tiene serie documental desde 1451, cuando el Conde de Castañeda lo permutó con los jerónimos de Corbán; en 1753 el monasterio de Monte Corbán lo explotaba seis meses al año para moler unas veinte fanegas de maíz con tres ruedas; su último molinero documentado fue Alejandro Pelayo Mancebo, entre 1930 y 1947, hasta que un incendio acabó con él. Está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 7 de noviembre de 2022 y sin protección específica. El de Aldama, en La Maruca, lo construyó Sebastián de Aldama en 1795, cuando Santander exportaba harinas de Castilla; hoy su estructura hace de puente y el edificio es un vivero de mariscos.
La pesca de ballena. Está documentada en la ría de San Martín de la Arena y fue, junto al comercio, la actividad dominante hasta el siglo XVII.
Los morios, y un matiz que conviene conocer
La ficha oficial de la UNESCO sobre el geoparque cita entre su patrimonio cultural los morios, los muros de piedra seca que compartimentan el paisaje, construidos durante siglos con las rocas disponibles a mano.
El matiz: la inscripción de la piedra seca como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad abarcó trece países, con once comunidades autónomas españolas adheridas, y Cantabria no estuvo entre ellas. Es decir, hay una tensión entre lo que la ficha del geoparque sugiere y el alcance real de aquella inscripción. Los morios son patrimonio, y notable; pero Cantabria no forma parte de esa declaración concreta.
Qué observar durante la visita
– Las capas puestas de canto. Es la clave de todo. Cuando se identifica que los estratos están verticales y paralelos a la costa, el paisaje entero se vuelve legible.
– La diferencia entre marga y caliza. La marga se va, la caliza se queda. Las agujas, los urros y las crestas son caliza; las ensenadas son marga que ya no está.
– La marca de la marea en la roca, que da la medida real de la carrera de marea.
– Las dunas remontando el monte Tolío, una forma rara en el Cantábrico.
– El hardground, si se sabe reconocer: una superficie endurecida con fósiles encima, la huella de un fondo marino que se quedó quieto.
– Los cangrejos piritizados y los erizos Micraster, que se citan pero cuya recogida está prohibida.
– El contraste industrial: la chimenea, el emisario, la cantera y el acantilado en el mismo encuadre. No es un defecto del paisaje: es el paisaje.
Preguntas frecuentes sobre el Geoparque Costa Quebrada
¿Qué es exactamente un Geoparque Mundial de la UNESCO?
Un territorio con patrimonio geológico de valor internacional gestionado con un plan de conservación, educación y desarrollo sostenible. No es una figura de protección: es una figura de gestión, como recuerda la propia directora científica del geoparque. No prohíbe ni expropia nada por sí misma.
¿Cuándo se declaró Costa Quebrada?
El Consejo de Geoparques Mundiales lo aprobó los días 8 y 9 de septiembre de 2024 en Vietnam, y el Consejo Ejecutivo de la UNESCO lo ratificó en su 221ª sesión, en abril de 2025. El certificado se entregó en París el 2 de junio de 2025 y la acreditación en Chile el 11 de septiembre de 2025. La ficha de la UNESCO da 2025 como año de designación.
¿Qué municipios lo forman?
Ocho: Santander, Camargo, Santa Cruz de Bezana, Piélagos, Miengo, Polanco, Suances y Santillana del Mar.
¿Cuánto mide?
345 kilómetros cuadrados: 269,64 terrestres y 75,44 marinos, con unos 20 kilómetros de costa.
¿De dónde viene el nombre «Costa Quebrada»?
No es un topónimo antiguo. Lo acuñó en 1979 el poeta Jesús Mojas Mauri, considerado el impulsor del proyecto. Murió en marzo de 2024, seis meses antes de la aprobación, y recibió a título póstumo el I Premio MARE de Medio Ambiente en febrero de 2025.
¿Por qué es geológicamente importante?
Porque aquí los estratos están basculados hasta la vertical y corren paralelos a la costa, en el flanco del sinclinal de San Román–Santillana. El mar ataca láminas alternas de roca dura y blanda, y eso produce en apenas veinte kilómetros toda la gama de formas de una costa rocosa: ensenadas, urros, arcos, tómbolos, socavones y plataformas de abrasión. El IGME le da un valor científico de 8,5 sobre 10.
¿Qué son los urros?
Islotes residuales o farallones, restos de las crestas de caliza aptiense que el acantilado dejó atrás al retroceder. Son los testigos de dónde estaba la costa antes.
¿Cuántos geositios tiene?
Depende del documento oficial: el mapa de Lugares de Interés Geológico numera 46; el documento «Patrimonio Geológico» da 56. Es una contradicción de las propias fuentes del geoparque. En el Inventario Español del IGME hay un solo registro, el CV024 / CB-010.
¿Fue rechazada la candidatura alguna vez?
Sí. El Consejo de Geoparques de la UNESCO la rechazó por unanimidad en su séptima sesión, entre otras razones porque el equipo era mayoritariamente voluntario, faltaba conexión con el patrimonio cultural y el plan de gestión estaba incompleto. Recomendó vincularse a Altamira y al MUPAC. La segunda candidatura, corregida en esos puntos, se aprobó en 2024.
¿Está protegida la costa?
Parcialmente. El tramo central está dentro del Parque Natural de las Dunas de Liencres y Costa Quebrada (Ley 2/2021, 1.753,14 hectáreas en tres de los ocho municipios), con las prohibiciones del PORN de 2017. Pero ninguno de los dos parques naturales que solapan con el geoparque tiene Plan Rector de Uso y Gestión, algo que el Parlamento de Cantabria reconoció por unanimidad en septiembre de 2025.
¿Y la parte marina?
Los 75 kilómetros cuadrados de mar solo tienen 15,13 km² de ZEPA —la ES0000492, de los islotes de Portios, isla Conejera e isla de Mouro—, declarada en 2014 únicamente por avifauna. No existe ninguna figura de protección para los hábitats del fondo marino ni reserva pesquera.
¿Con qué presupuesto se gestiona?
335.000 euros en 2025 y un equipo de cuatro personas, para 345 kilómetros cuadrados y ocho municipios.
¿Cuánto retrocede esta costa?
En la playa de La Maruca, en Santander, un estudio de las universidades de Cantabria y Oviedo publicado en Earth midió 12 metros de retroceso en 40 años (1984-2024). Para el conjunto de la costa cantábrica se ha publicado una tasa media de retroceso del acantilado de 0,042 metros al año. No existe una tasa medida específicamente en La Arnía, Covachos o El Portío.
¿Hay senderos señalizados propios del geoparque?
No. No existe una red de geo-rutas numeradas. Turismo de Cantabria incluye la senda «Costa Quebrada» entre sus sendas costeras, de unos 10 kilómetros ida y vuelta desde Liencres, con acceso a Somocuevas, La Arnía y Covachos. Su dificultad y desnivel no están publicados.
¿Hay visitas guiadas?
Sí, y buena parte son gratuitas con inscripción previa: un programa de rutas por municipios en verano y las Jornadas de Divulgación de otoño, con once rutas interpretativas entre finales de noviembre y el 21 de diciembre. El teléfono de reservas es el 604 455 946, de 9:30 a 17:00. Las fechas cambian cada año.
¿Hay un centro de visitantes?
No consta ninguno propio del geoparque abierto al público. Hay una sede administrativa en Soto de la Marina. Los equipamientos de referencia son el Museo de Altamira, el MUPAC y el Museo Marítimo del Cantábrico.
¿Hay que mirar la marea?
Sí, y es el consejo más rentable. Muchas de las formas —urros, arcos, plataformas, el tómbolo de Covachos— solo se ven con marea baja, y varias playas encajadas desaparecen con la pleamar. El tómbolo de Covachos, que da acceso a la isla de El Castro, solo existe en bajamar.
¿Se puede recoger fósiles o minerales?
No. El PORN lo prohíbe expresamente dentro del Parque Natural, salvo autorización por investigación científica o educación ambiental.
¿Se pueden volar drones?
El PORN prohíbe el sobrevuelo sin autorización a menos de 500 metros sobre la cota máxima. A eso se añaden las restricciones de AESA y las zonas geográficas publicadas por ENAIRE, que hay que consultar antes de volar.
¿Es seguro recorrer la senda costera de Santander?
Hay que comprobarlo antes de ir. El 3 de marzo de 2026 se desplomó una pasarela de la senda entre El Bocal y el Instituto Español de Oceanografía y murieron seis personas. Al día siguiente Costas solicitó precintar varias pasarelas de la ronda litoral hasta inspeccionarlas, y no consta noticia de reapertura. Conviene confirmar los tramos abiertos con el Ayuntamiento de Santander y la Demarcación de Costas.
¿Cuándo se revisa la declaración de la UNESCO?
Cada cuatro años. Si el geoparque cumple, recibe tarjeta verde y continúa; si no, tarjeta amarilla y dos años para corregir; si el incumplimiento persiste, tarjeta roja y pierde la condición. La primera revalidación de Costa Quebrada es en 2028, con entrega del dossier en julio de 2027.
¿Qué relación tiene con Altamira?
Estrecha, y en parte por exigencia de la UNESCO: el informe que rechazó la primera candidatura recomendó vincular el proyecto a Altamira y al MUPAC. Hoy Altamira y El Pendo son las dos cuevas del Patrimonio Mundial que están en municipios del geoparque, y el Museo de Altamira acoge una de las rutas del programa. La conexión de fondo es geológica: la caliza cretácica se disuelve, abre cuevas, y esas cuevas dieron refugio y pared para pintar.
Qué ver cerca
El geoparque abarca ocho municipios, así que «cerca» es casi todo el arco central de Cantabria.
En Santillana del Mar, el conjunto histórico y el Museo de Altamira. En Camargo, la cueva de El Pendo y el Museo Etnográfico de Cantabria, en Muriedas. En Santa Cruz de Bezana, el molino de marea de San Juan de la Canal, en la Lista Roja del Patrimonio.
Y en el extremo occidental, ya en Suances, el geoparque alcanza la ría de San Martín de la Arena, el carril bici de Suances a Barros, la playa de La Tablía —catalogada como LIG por su playa de cantos—, la playa del Sable de Tagle y Punta Ballota, cuyo valle colgado es también geositio.
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