Punta Ballota (Tagle): geología, ruta y la Torre de San Telmo

Punta Ballota es el extremo occidental de la costa de Suances: una lengua de tierra que se adentra en el Cantábrico frente al pueblo de Tagle, entre acantilados verticales y prados que llegan hasta el mismo borde. No hay aparcamiento a pie de punta, ni barandillas, ni panel interpretativo. Se llega andando, y esa es exactamente la razón por la que sigue siendo uno de los miradores más limpios de la costa central cántabra.
Vista aérea de la punta completa y de su extremo más afilado, la silueta alargada que le ha valido la comparación con el lomo de una ballena.
Dónde está y qué es
La punta pertenece a Tagle, uno de los cinco pueblos del municipio de Suances, y cierra por el oeste el frente litoral que arranca en la playa del Sable. Administrativamente queda dentro del Geoparque Mundial de la UNESCO Costa Quebrada, que abarca ocho municipios —Santander, Camargo, Santa Cruz de Bezana, Piélagos, Miengo, Polanco, Suances y Santillana del Mar— y unos 345 km², de los que 270 son terrestres y 75 marinos.
Conviene precisar la cronología de esa declaración, porque suele contarse mal: el dictamen favorable del Consejo Mundial de Geoparques se anunció el 8 de septiembre de 2024 y la ratificación oficial por la UNESCO llegó en la primavera de 2025. Son dos hitos distintos y ambos aparecen citados como «la fecha» según el medio. Añadamos un matiz más: que Punta Ballota esté dentro del territorio del geoparque no significa que figure entre sus geosites destacados, porque no consta en el listado que publica el propio geoparque.
La roca: cien millones de años a la vista
El interés de Punta Ballota es tanto geológico como paisajístico, y esta es la parte que ninguna ficha turística cuenta. Los materiales del acantilado son areniscas, limos y calizas del Albiense-Cenomaniense, es decir, del Cretácico medio: entre unos 113 y 94 millones de años.
El conjunto del tramo de acantilados de Tagle, estudiado por la Universidad de Cantabria dentro de su programa Huellas, reúne un catálogo poco común de formas costeras. Hay un anticlinal cuyo núcleo, más blando, ha sido vaciado por el oleaje. Hay bufas —conductos kársticos por los que el aire y el agua salen a presión cuando rompe la mar— y superficies de lapiaz labradas por disolución. Hay plataformas de abrasión colgadas a distintas alturas, retazos de antiguos niveles del mar hoy fragmentados y desconectados entre sí. Y en la cercana ensenada de Calderón afloran en bajamar materiales de un diapiro, con yesos a la vista, en una depresión circular de unas ocho hectáreas.
El dato más elocuente es el del retroceso del acantilado. Junto a la ensenada del Higuero hay un deslizamiento triangular activo que moviliza del orden de 3.000 m² al año, con un retroceso aproximado de un metro anual. No es una cifra abstracta: significa que el borde por el que se camina no está donde estaba hace una década, y que los desprendimientos recientes que se ven al pie del acantilado son justamente eso, recientes.
Qué se ve desde la punta
Hacia el este, la perspectiva es la que no se obtiene desde ningún otro punto de Suances: la Isla de los Conejos, la playa de Los Locos y la playa de La Tablía vistas desde fuera y desde arriba, con el faro y la Punta del Dichoso recortados al fondo. Hacia el oeste, en días despejados, se alcanzan a distinguir los Picos de Europa.
La forma de la propia punta vista desde el sendero es lo que ha dado pie a la comparación que repiten todas las descripciones: un lomo alargado que asoma sobre el agua como el dorso de una ballena.
Desde el mirador natural de la punta, la vista se abre hacia el este sobre la costa de Suances y hacia el oeste hasta distinguir, en días claros, los Picos de Europa.
¿Se llama Ballota por las ballenas?
Es la explicación que uno espera y que circula de boca en boca, reforzada por el perfil de la punta y por el pasado ballenero de la costa cántabra. Conviene ser honestos: no existe ningún estudio toponímico que respalde esa relación. El mismo topónimo se repite en la costa asturiana, en el concejo de Cudillero, sin conexión conocida con la caza de ballenas, y «ballota» designa además un género de plantas labiadas. Lo prudente es tratar el parecido con la ballena como lo que es —una comparación descriptiva, y muy afortunada— y no como el origen documentado del nombre.
Cómo llegar: tres rutas distintas, y por qué los datos no cuadran
Aquí hay que aclarar una confusión frecuente. Si se buscan datos de «la ruta de Punta Ballota» aparecen longitudes y desniveles que se contradicen, sencillamente porque no se trata del mismo recorrido:
La senda oficial de Turismo de Cantabria, «Santa Justa – Playa de Tagle – Punta Ballota», es circular, mide 6 km, salva 185 metros de desnivel acumulado y se estima en torno a 1 h 45. Arranca en la playa de Santa Justa, en Ubiarco, a la que se accede por la CA-351 desde Santillana del Mar o desde Suances, con aparcamiento en la propia playa. Está catalogada como sendero local y, atención, no está señalizada.
La versión corta desde Tagle, la más habitual entre quienes visitan solo la punta, es también circular, ronda los 5 km, apenas 60-80 metros de desnivel y entre dos y tres horas con paradas. Se aparca en la playa del Sable, en Tagle, junto al merendero.
Y el itinerario largo de la Universidad de Cantabria, el que recorre el conjunto geomorfológico completo, supera los 11 km enlazando Tagle, el Castro, Punta Ballota, la playa del Sable, la Torre de San Telmo, Santa Justa, Ubiarco y la ensenada de Calderón.
Ninguno de los tres es «el bueno»: son tres formas de recorrer el mismo tramo de costa. Elegir mal el dato de referencia es lo que hace que alguien salga a andar 5 kilómetros y acabe haciendo 11.
La Torre de San Telmo, en el camino
Si se hace el recorrido largo o el de Santa Justa se pasa junto a la Torre de San Telmo —también llamada Torre de Tagle—, una atalaya costera que servía de observatorio y referencia para los navíos. Hoy solo quedan en pie dos paños de muro en ángulo recto con los huecos de sendas ventanas.
Su datación es un buen ejemplo de por qué conviene desconfiar de las fechas redondas: las fuentes no coinciden. Hispania Nostra la sitúa en el siglo XV; la ficha de Turismo de Cantabria dice siglo XVI, aunque en su propio texto descriptivo la llama medieval; y buena parte de la prensa y de las guías de senderismo la fechan en el siglo XIV. Sin un estudio arqueológico publicado, lo honesto es decir que se trata de una atalaya bajomedieval de cronología discutida.
Lo que sí está documentado con precisión es su estado: fue incluida en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra el 9 de marzo de 2020 por riesgo visible de derrumbe completo, y en diciembre de ese mismo año se desplomó parte de uno de los muros. Las grietas de lo que queda siguen abriéndose. Se mira desde lejos y no se entra.
Según la tradición, el nombre viene de un milagro atribuido a San Telmo, que habría salvado del naufragio a unos pescadores en esta costa. No existe documentación que lo confirme.
¿Y la playa de Punta Ballota?
Bajo la punta figura en los catálogos de playas una cala que lleva su mismo nombre, descrita como un arenal de cantos y bolos de unos 220 metros, sin servicio alguno y con acceso complicado desde tierra. Hay que advertir de que esas fichas proceden de agregadores automáticos y no de una fuente oficial, así que las cifras conviene tomarlas con reservas. En cualquier caso, no es una playa de baño: es un pie de acantilado.
Consejos prácticos y seguridad
El sendero discurre en paralelo al borde del acantilado, sin protección y sin señalización, sobre terreno que resbala con la hierba mojada. Calzado de monte, y solo con buen tiempo. No hay fuentes en todo el recorrido, así que hay que llevar agua. Los prados son fincas ganaderas en uso y es habitual encontrar pastores eléctricos y ganado suelto: se pasa por los portillos y se dejan como estaban. Con niños, de la mano y lejos del borde; la senda oficial recomienda a partir de seis años y no es practicable con carrito.
Y el aviso que más importa, a la vista de las cifras de retroceso del acantilado: las cornisas de hierba que vuelan sobre el mar pueden estar descalzadas por debajo. Por muy buena que sea la foto, no se pisan.
El sendero sin balizar recorre el filo mismo del acantilado, estrecho y sin protección a ambos lados del paso.
Preguntas frecuentes
¿Dónde está exactamente Punta Ballota?
En Tagle, pueblo del municipio de Suances, en el extremo occidental de la costa del municipio, al oeste de la playa del Sable.
¿Se puede llegar en coche hasta la punta?
No. Se aparca en la playa del Sable de Tagle o en la de Santa Justa, en Ubiarco, y el resto se hace andando.
¿Cuánto se tarda?
Depende del itinerario: la versión corta desde Tagle son unos 5 km y de dos a tres horas con paradas; la senda oficial desde Santa Justa son 6 km y en torno a hora y tres cuartos si se va sin detenerse; el recorrido geológico completo de la Universidad de Cantabria supera los 11 km.
¿Está señalizada la ruta?
No. La propia ficha oficial de Turismo de Cantabria indica que la senda carece de señalización, así que conviene llevar el track descargado.
¿Es lo mismo Punta Ballota que la Costa Quebrada?
No exactamente. Punta Ballota está dentro del territorio del Geoparque Mundial de la UNESCO Costa Quebrada, que comprende ocho municipios, pero la Costa Quebrada propiamente dicha —los urros y farallones más conocidos— queda bastante más al este, entre Piélagos y Santander.
¿Se llama así por las ballenas?
No hay ningún estudio toponímico que lo confirme. El parecido de la punta con el lomo de una ballena es una comparación descriptiva muy repetida, pero el mismo topónimo existe en la costa asturiana sin relación conocida con los balleneros.
¿Se puede visitar la Torre de San Telmo?
Se ve desde el sendero, pero está en ruina con riesgo de derrumbe y en la Lista Roja del Patrimonio desde marzo de 2020. No debe accederse a ella.
¿Es apto para ir con niños?
La senda oficial lo recomienda a partir de seis años y no admite carrito. Es terreno de acantilado sin protecciones, de modo que exige vigilancia constante.
Qué ver cerca
Tagle da para una mañana entera. A un paso queda la playa del Sable, el arenal grande del pueblo y punto de partida habitual de la ruta. En el propio núcleo están la iglesia de San Pedro, levantada en 1685 y con un cáliz de plata del siglo XVII, y la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, del siglo XVIII, cuya fiesta se celebra el 8 de septiembre. Siguiendo la costa hacia el este aparecen la playa de La Tablía y la Punta del Dichoso; hacia el oeste, ya en Santillana del Mar, la extraordinaria ermita de Santa Justa, encajada dentro de una cueva en la roca y accesible solo con marea baja. Y para situar el resto del municipio, la guía de los pueblos del municipio de Suances.












