Palacio de Benemejís o Palacio de Peredo-Barreda en Santillana del Mar
El Palacio de Peredo-Barreda, conocido también como Palacio de los Benemejís o Palacio de Caja Cantabria, es una de las grandes residencias señoriales del casco histórico de Santillana del Mar. Se encuentra en el número 8 de la calle Santo Domingo, en la propia entrada a la villa histórica desde la carretera CA-131, muy cerca del Museo Diocesano Regina Coeli. Detrás de su elegante fachada barroca se conserva un conjunto mucho mayor de lo que sugiere la calle: el antiguo palacio nobiliario, dos edificios históricos anexos, una importante biblioteca, colecciones artísticas y archivo familiar, y un extraordinario parque histórico con árboles centenarios.
Tres construcciones, no una sola
El complejo está formado por tres edificios históricos: el propio palacio; una casa adosada organizada en dos plantas alrededor de un patio, relacionada con Alfonso Velarde y Francisco Miguel de Peredo; y una tercera construcción vinculada a Pedro Luis Quijano, descrita en el proyecto de restauración como «la casa gótica», de tipología medieval con muros medianeros y cubierta a dos aguas. Todo apunta, además, a que el gran palacio barroco se levantó sobre el solar de una antigua torre o vivienda gótica vinculada a los Barreda.
¿De qué siglo es realmente, y quién lo construyó?
Esta ficha atribuía tradicionalmente el palacio a «principios del siglo XVII» y a Francisco Miguel de Peredo. Ambos datos deben corregirse. La cronología más razonable, según la propia Fundación Caja Cantabria y Turismo de Cantabria, sitúa la construcción alrededor de 1700, entre finales del XVII y comienzos del XVIII. Y el fundador mejor documentado no fue Francisco Miguel, sino su padre: Luis Antonio de Peredo y Sánchez de Tagle, señor de la Casa de Peredo de Mijares y caballero de la Orden de Calatrava desde 1697, quien —según recoge un estudio genealógico especializado— construyó a sus expensas una casa en Santillana del Mar para pasar allí los inviernos con su familia. En 1698 se casó con María Antonia de Barreda Yebra, matrimonio que explica el doble apellido del edificio: no es una denominación turística moderna, sino el resultado real de la unión de dos linajes.
Dos familias escritas en piedra
Desde el exterior domina el gran escudo de los Peredo. Pero en el zaguán —tradicionalmente llamado también «estragal» en la zona— se conservan dos escudos más, de los Barreda y los Ceballos: la fachada habla de quién construyó la casa, y el interior, de con quién emparentó.
Francisco Miguel de Peredo y la casa en 1753
Francisco Miguel, hijo de Luis Antonio, heredó la Casa de Peredo y está documentado viviendo aquí. El Catastro de Ensenada de 1753 retrata su hogar con detalle: residían en el palacio Francisco Miguel, su esposa Teresa de Cos y Ceballos, su hija María del Rosario, su madre —ya viuda— María Antonia de Barreda Yebra, dos criadas, un criado y un mayordomo que administraba las rentas familiares, procedentes de numerosas tierras repartidas por distintas mieses. El propio Catastro describe fiscalmente el palacio como una vivienda de planta alta y baja.
En 1753 todavía no existía el gran jardín
Uno de los grandes atractivos actuales del palacio es su extenso parque arbolado. Pero el Catastro de 1753 solo describe, tras la residencia, un pequeño huerto con perales y terrenos de labor: el jardín histórico que hoy rodea el edificio es fruto de transformaciones muy posteriores.
Evolución del entorno del Palacio de Peredo-Barreda: del pequeño huerto y los terrenos de labor documentados en 1753 al gran jardín histórico que rodea actualmente el palacio.
De los Peredo a los Barreda, y de ahí a los Benemejís
Francisco Miguel tuvo una única hija heredera, María del Rosario de Peredo y Cos, casada con José Antonio de Barreda: a partir de este matrimonio, el señorío pasó por línea femenina a los Barreda. Generaciones después, en el siglo XIX, María de Barreda y Fuentes casó con Joaquín de Pedro y Urbano, VI marqués de Benemejís de Sistallo; su hija, María de la Blanca de Pedro y Barreda, nacida en Santillana en 1890, fue VII marquesa de Benemejís. De ahí procede el otro nombre del edificio —conviene no confundir esto con su origen: el marquesado es muy posterior a la construcción del palacio—.
Arquitectura: sobriedad con carácter
La propia Fundación describe su arquitectura como sobria y austera, de tradición tardobarroca: planta sensiblemente cuadrada, dos alturas, cubierta a cuatro aguas con pináculos decorativos en las esquinas, y una fachada donde la decoración se concentra en puntos concretos —el gran balcón de hierro sobre peana de piedra, coronado por el escudo central, y los huecos superiores enmarcados con orejeras— en vez de cubrir toda la superficie.
Arquitectura, heráldica y evolución histórica del Palacio de Peredo-Barreda, una de las grandes residencias señoriales de Santillana del Mar.
Biblioteca, archivo y arte: lo que no se ve desde la calle
El interior conserva una biblioteca histórica de más de 5.000 volúmenes, con incunables y ediciones de los siglos XVI al XIX, reunida en buena parte por Blas María de Barreda y Horcasitas, erudito y genealogista nacido en 1783, y continuada después por Leopoldo Barreda, marqués de Casa Mena, relacionado con figuras como Amós de Escalante, José María de Pereda o Marcelino Menéndez Pelayo. A ello se suman un archivo familiar considerado uno de los más importantes conservados en mansiones particulares de Cantabria, y espacios históricos como un comedor de gusto isabelino y un salón imperial con espejos de procedencia peruana, un recordatorio más de la intensa relación de estas familias con América.
1992: de residencia privada a centro cultural
El conjunto permaneció en manos de la familia hasta que en 1992 Caja Cantabria lo adquirió, integrándolo al año siguiente en su Obra Social. En 1999, los arquitectos Eduardo Fernández-Abascal, Floren Muruzábal y José Orruela dirigieron una intervención que respetó el palacio original y dio a los edificios anexos un tratamiento contemporáneo, pensado para exposiciones y actos culturales sin imitar una falsa imagen histórica. El proyecto recibió el IX Premio de Arquitectura Antonio Ortega Fernández-Julio González Alloza, del Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria, en el año 2000, y generó más de 500 m² de espacio expositivo y multifuncional.
Un centro cultural en activo
El conjunto forma parte actualmente del patrimonio cultural gestionado por la Fundación Caja Cantabria, que lo mantiene con programación de exposiciones y actos culturales de forma regular —el acceso depende de la actividad programada en cada momento, por lo que conviene consultar la agenda oficial antes de la visita—.







