Casas del Águila y la Parra en Santillana del Mar
Las Casas del Águila y la Parra forman uno de los conjuntos de arquitectura civil más reconocibles de Santillana del Mar, en un lateral de la Plaza de Ramón Pelayo, antigua Plaza del Mercado, frente a la Casa de Barreda-Bracho, actual Parador Gil Blas. Aunque a primera vista parecen un único edificio, son en realidad dos casas históricas distintas, unidas después por un estrecho cuerpo de dos alturas: la Casa de la Parra, junto al Ayuntamiento, y la Casa del Águila, junto a ella. Ambas pertenecen hoy al Gobierno de Cantabria.
En realidad no es una casa: son dos
Entre ambos edificios existe un estrecho volumen de dos plantas que los conecta físicamente, lo que explica por qué sus fachadas parecen hablar idiomas diferentes: la Casa de la Parra conserva rasgos del gótico tardío, mientras que la Casa del Águila presenta una imagen más cercana a la casona montañesa barroca.
Infografía interpretativa de las Casas del Águila y la Parra de Santillana del Mar, mostrando la Casa de la Parra, la Casa del Águila, sus arcos, entramado de madera, solana, escudos, el cuerpo que une ambos edificios y el bisonte de Jesús Otero.
Casa de la Parra: ¿del siglo XIV o del XVI?
La información turística oficial sitúa la Casa de la Parra a comienzos del siglo XVI, vinculada todavía a la tradición gótica —visible en sus dos arcos apuntados y en las ventanas geminadas de su fachada lateral—. Pero un estudio basado en el Catastro de Ensenada de 1753 se refiere a ella como «la casa torre que llaman de la Parra», describiéndola ya entonces como un edificio «viejísimo» del siglo XIV, cuando su propietario era Bernardo Velarde Ibáñez, señor del cercano Palacio de Velarde. Lo más prudente es distinguir un posible origen tardomedieval de la configuración gótica que hoy contemplamos, resultado de sucesivas transformaciones. Su nombre viene de la enorme parra que antiguamente cubría la fachada, hoy sustituida por la pantalla de entramado de madera y ladrillo que vemos.
Casa del Águila y el escudo discutido
La ficha patrimonial oficial sitúa la gran configuración de la Casa del Águila a mediados del siglo XVII, aunque investigaciones históricas indican que el edificio ya existía en el XVI y fue entonces reformado. Su fachada de tres alturas combina un gran soportal de arcos de medio punto, el escudo central, y una solana de madera que recorre todo el ancho superior. La interpretación turística tradicional identifica ese escudo con la familia Estrada-Tagle, pero la atribución está discutida: una obra sobre heráldica cántabra la relacionó también con los Villa —en 1753 vivía aquí, de hecho, Juan Antonio de Villa Tagle—, y una investigación genealógica más reciente de ASCAGEN vincula la casa y sus dos escudos al mayorazgo de los Fernández de San Salvador, fundado en 1600. No hay consenso cerrado; lo más riguroso es presentar las tres versiones en vez de repetir una sola como si fuera incuestionable.
Un hidalgo centenario
El Catastro de Ensenada retrata la casa en 1753: allí vivía Juan Antonio de Villa Tagle, de edad muy avanzada, con su hija Manuela y una criada. El registro parroquial documenta su muerte en 1759, a los cien años, y señala que no llegó a hacer testamento por no tener bienes suficientes para ello —un buen recordatorio de que un apellido antiguo y una gran casa no garantizaban riqueza.
La Casa del Águila viaja a Barcelona
Entre 1927 y 1928, los arquitectos Francesc Folguera y Ramon Reventós, el artista Xavier Nogués y Miquel Utrillo recorrieron España fotografiando y dibujando edificios representativos para el futuro Poble Espanyol de Barcelona, construido con motivo de la Exposición Internacional de 1929. Entre los elegidos estaba la Casa del Águila de Santillana: su reproducción en Montjuïc conserva la gran balconada superior y las arcadas de la planta baja, aunque no es una copia exacta —uno de los arcos aparece cerrado con un ventanal—. También se incorporaron al recinto elementos inspirados en la Casa Barreda de Santillana.
Comparativa entre la Casa del Águila original de Santillana del Mar y la recreación arquitectónica construida en el Poble Espanyol de Barcelona para la Exposición Internacional de 1929, mostrando sus semejanzas, diferencias y la historia de su documentación.
2026: los arquitectos regresan casi cien años después
Del 18 al 22 de junio de 2026, una expedición de 28 estudiantes y 8 docentes de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès (UPC), liderada por la arquitecta Sandra Moliner, recorrió Navarra, País Vasco, Cantabria, Asturias y Cataluña documentando los edificios originales que inspiraron las fachadas del Poble Espanyol —entre ellos, de nuevo, la Casa del Águila—. La iniciativa forma parte de Horizonte 2029, un proyecto conjunto de la UPC y el Poble Espanyol para digitalizar mediante fotogrametría y escaneado arquitectónico el patrimonio del recinto, con vistas al centenario de 2029.
De vivienda nobiliaria a ICRART
Durante el siglo XX, las casas fueron perdiendo su función residencial: desde 1959 acogieron actividades de la Sección Femenina y del Ayuntamiento, y en 1980 pasaron a albergar el Museo de Arte Contemporáneo de Santillana del Mar. Tras una rehabilitación a finales de los años ochenta, funcionaron como espacio expositivo —entre 1988 y 1991 con muestras de etnografía cántabra, y en 2012 con la exposición «Los oficios del ayer»—. Actualmente están vinculadas al International Centre for Rock Art (ICRART), un centro internacional dedicado al conocimiento, conservación y gestión del arte rupestre declarado Patrimonio Mundial, surgido de un convenio entre el Ministerio de Cultura y el Gobierno de Cantabria publicado en 2022 —una elección lógica, a pocos kilómetros de la Cueva de Altamira—.
El bisonte de Jesús Otero
Delante de las casas se encuentra una escultura contemporánea de un bisonte, obra del artista santillanés Jesús Otero, en homenaje al patrimonio de Altamira: un pequeño diálogo entre arquitectura medieval, casona barroca, arte contemporáneo y Prehistoria, todo en el mismo rincón de la plaza.
Visita, horario y precio
La visita es libre, individual o en grupo, dentro del horario de apertura, y su contenido varía según las exposiciones activas. La entrada es actualmente gratuita —conviene tener en cuenta que algunos folletos antiguos todavía indican una tarifa de 3€, ya desactualizada—. El horario habitual es de miércoles a domingo, de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00 en temporada baja (octubre a mayo), ampliándose hasta las 19:00 en temporada alta (junio a septiembre, Semana Santa y puentes nacionales); cierra lunes y martes, y la última entrada es media hora antes del cierre. Los horarios pueden variar, por lo que conviene comprobarlos antes de la visita.








