Casa de la Archiduquesa o de los Abades

Pegada al atrio de la Colegiata de Santa Juliana, en la plaza del Abad Francisco Navarro y asomada a la calle del Río, hay una casa de piedra labrada que casi todo el mundo fotografía sin saber qué está fotografiando. Se la conoce por dos nombres —Casa de los Abades y Casa de la Archiduquesa— y ambos son correctos, porque cuentan dos capítulos distintos de la misma historia, separados por doscientos cincuenta años.
De residencia de abades a casa de una Habsburgo
La casa se levantó a finales del siglo XVII como vivienda de los abades de la Colegiata, de ahí su primer nombre. Conviene señalar que alguna ficha turística la data en el siglo XVIII; la datación mayoritaria y la que sostienen las fuentes locales es la del XVII avanzado, y la discrepancia probablemente venga de confundir la fábrica con el cambio de propiedad.
Porque ese cambio sí está documentado con precisión poco habitual: en 1753, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, la casa pertenecía a don Pedro A. Barreda Bracho. Es decir, había pasado de manos eclesiásticas a una de las grandes familias de la villa apenas medio siglo después de construirse.
Y el segundo nombre llega ya en el siglo XX, con una inquilina que merece que la contemos bien, porque las guías la despachan en media línea.
Quién fue realmente la archiduquesa
Margarita de Austria-Toscana y Borbón nació el 8 de mayo de 1894 en Lemberg —la actual Leópolis, en Ucrania— y murió el 21 de junio de 1986 en Viareggio, Italia, a los noventa y dos años. Era hija del archiduque Leopoldo Salvador de Austria-Toscana y de la infanta Blanca de Borbón, de la rama toscana de los Habsburgo-Lorena, y ostentaba el título de archiduquesa de Austria y princesa de Hungría, Bohemia y Toscana.
El desplome del Imperio austrohúngaro en 1918 dejó a la familia sin propiedades, confiscadas, y en enero de 1919 se trasladaron a España. Aquí conviene un matiz que casi nadie hace: la familia se estableció principalmente en Barcelona, donde vivió más de quince años con notable sencillez. La casa de Santillana no fue el exilio entero, sino una estancia dentro de él, situada a finales de los años veinte. El estallido de la Guerra Civil en 1936 obligó a Margarita, a su madre y a sus hermanos solteros a abandonar España.
En 1937 se casó con el marqués Francisco María Taliani de Marchio, diplomático italiano; ambos pasaban ya de los cuarenta y no tuvieron descendencia. Curiosamente, Margarita volvería a España como esposa del embajador de Italia entre 1951 y 1952.
Trece dibujos firmados «M. Habsburg»
Este es el dato que no encontrará el visitante en ningún panel ni en ninguna guía, y es el que da sentido a toda la ficha: durante su estancia en Santillana, la archiduquesa dibujó la villa.
Se conservan trece dibujos al carboncillo con distintas vistas del casco, firmados con el escueto «M. Habsburg». El Archivo Histórico Provincial de Cantabria custodia copias fotográficas de esos dibujos dentro del fondo Tomás Maza Solano; las fotografías las realizó Manuel Urech González (1876 – posterior a 1946). El conjunto se mostró al público en la microexposición Los papeles del Archivo entre enero y marzo de 2024.
Dicho de otro modo: existe un retrato de Santillana del Mar de finales de los años veinte trazado por una Habsburgo desposeída que miraba la villa desde la ventana de la casa de los abades. Es difícil imaginar una postal más improbable.
La fachada, y unos escudos que no son lo que parecen
El edificio presenta planta rectangular y fachada de piedra labrada, con dos puertas simétricas en la planta baja y dos balcones de hierro en la superior. Es una composición sobria, muy de casa de eclesiásticos, sin la teatralidad de las grandes portaladas nobiliarias de la villa.
Lo que sí llama la atención son los escudos, y aquí está la corrección que merece la pena hacer, porque prácticamente todo el mundo los lee como heráldica de época: no son originales. Son obra del siglo XX, del escultor santillanense Jesús Otero (Santillana del Mar, 1908 – 26 de agosto de 1994), el mismo que donó su obra completa al municipio poco antes de morir y a quien está dedicado el Museo y Fundación Jesús Otero, a pocos metros de aquí. Una casa del XVII, por tanto, con blasones de hace unas décadas.
Sobre qué representan exactamente, las fuentes no coinciden del todo. La documentación turística local sostiene que recogen los emblemas de los linajes más notables de la villa. Sin embargo, al menos uno de los escudos ha sido identificado por aficionados a la heráldica como las armas de la propia archiduquesa Margarita de Austria. No hemos localizado un estudio que resuelva la cuestión, así que lo honesto es dejar constancia de las dos lecturas.
Hoy: el Museo del Barquillero
Y ahora la mejor noticia para quien pase por delante: la casa se puede visitar por dentro, porque alberga el Museo del Barquillero, en la calle del Río, 19.
Es un museo pequeño, entrañable y muy poco conocido, dedicado al oficio del barquillero: los utensilios con que se elaboraban y vendían los barquillos —ese dulce en forma de canuto o abanico—, junto a tiovivos, peonzas y juguetes de madera. Funciona especialmente bien con niños y ocupa exactamente las estancias donde vivió la archiduquesa, contraste que nadie que entre debería perderse.
No publicamos horarios ni tarifas porque cambian con la temporada y no hemos podido confirmarlos en fuente actualizada: conviene consultarlos en la Oficina de Turismo de Santillana del Mar antes de ir.
No confundir con la Casa de Barreda-Bracho
Merece un aviso, porque el apellido despista. La Casa de Barreda-Bracho es otro edificio distinto: una gran casona barroca de la plaza Ramón Pelayo, hoy convertida en el Parador Gil Blas. Los Barreda Bracho fueron propietarios de ambas, y de ahí la confusión, pero no son la misma casa ni están en el mismo sitio.
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la Casa de la Archiduquesa que la Casa de los Abades?
Sí, es el mismo edificio. El primer nombre viene de la archiduquesa Margarita de Austria, que vivió aquí a finales de los años veinte; el segundo, de su función original como residencia de los abades de la Colegiata.
¿Se puede visitar?
Sí. El edificio alberga el Museo del Barquillero, en la calle del Río, 19. Conviene consultar horarios y tarifas en la Oficina de Turismo, porque varían según la temporada.
¿Quién fue la archiduquesa Margarita de Austria?
Margarita de Austria-Toscana y Borbón (1894-1986), hija del archiduque Leopoldo Salvador y de la infanta Blanca de Borbón. Llegó a España en enero de 1919 con su familia tras la caída del Imperio austrohúngaro y la confiscación de sus bienes.
¿Vivió aquí todo su exilio?
No. La familia residió sobre todo en Barcelona durante más de quince años; la estancia en Santillana se sitúa a finales de los años veinte.
¿Los escudos de la fachada son originales?
No. Son del siglo XX, obra del escultor Jesús Otero. Una casa de finales del XVII con heráldica moderna.
¿Es lo mismo que la Casa de Barreda-Bracho?
No. Son dos edificios distintos que pertenecieron a la misma familia. La Casa de Barreda-Bracho está en la plaza Ramón Pelayo y hoy es el Parador Gil Blas.
¿Se conservan los dibujos que hizo la archiduquesa?
Se conservan copias fotográficas de trece carboncillos suyos, firmados «M. Habsburg», en el fondo Tomás Maza Solano del Archivo Histórico Provincial de Cantabria. Se expusieron entre enero y marzo de 2024.
Qué ver cerca
La casa está en el corazón monumental de la villa, así que todo queda a menos de cinco minutos. Al lado mismo, la Colegiata de Santa Juliana y su claustro románico, con más de cuarenta capiteles historiados. A pocos pasos, el Museo y Fundación Jesús Otero, autor de los escudos de esta fachada, y en la plaza Mayor su Homenaje al Hombre de Altamira, el bisonte que todo el mundo fotografía. Allí mismo están la Torre del Merino, del siglo XIV, y la Casa de Barreda-Bracho. Y para entender el conjunto, la guía de Santillana del Mar.






