Casa de Barreda-Bracho en Santillana del Mar
En uno de los extremos de la Plaza de Ramón Pelayo, antigua Plaza del Mercado, se levanta una de las grandes casonas barrocas de Santillana del Mar: la Casa de Barreda-Bracho, conocida también como Palacio de Barreda-Bracho y, desde hace décadas, como Parador de Santillana Gil Blas. Su arquitectura es bastante más sobria que la de otros palacios de la villa —no tiene la decoración del Palacio de Velarde, ni la rotundidad defensiva de la Torre del Merino—, pero su historia es enorme: fue residencia de uno de los hombres más ricos de la Santillana del siglo XVIII, y dos siglos después ayudó a convertir la villa en uno de los primeros grandes destinos de turismo cultural de España. Se encuentra cerca también del Ayuntamiento de Santillana del Mar.
¿Quién construyó la casa?
La cronología más aceptada sitúa el edificio a finales del siglo XVII, aunque no existe documentación que permita atribuirlo con seguridad a un promotor concreto. Las fuentes arquitectónicas apuntan a que pudo levantarla un miembro del linaje Bracho —cuyo antiguo solar se sitúa en Ruiseñada, hoy dentro del municipio de Comillas—, posteriormente emparentado con los Barreda: de esa unión nace tanto la rama familiar como el nombre con el que conocemos hoy el palacio.
1753: el caballero más rico de Santillana
Gracias al Catastro de Ensenada, estudiado por Francisco González Camino y Aguirre en su trabajo de 1934 Santillana del Mar en el año de 1753, sabemos con precisión quién habitaba la casa en pleno siglo XVIII: Pedro Antonio de Barreda Bracho y Ceballos, de unos 46 años, casado con Antonia Calderón de la Barca, con ocho hijos y una casa de «alto y bajo» que incluía cocina, caballeriza —con dos mulas de silla y freno para servicio del propietario— y personal encargado de recaudar las rentas de sus numerosas propiedades en Santillana, Arroyo, Camplengo, Herrán, Yuso, Oreña, Ubiarco, Ruiloba y Puente San Miguel. González Camino lo describe directamente como el caballero más rico de Santillana; en 1758 declaró unas rentas anuales de 23.617 reales de vellón. Un hermano suyo, Blas de Barreda y Campuzano, fue además un destacado marino.
El escudo que se dividió en dos
La fachada conserva hoy un único escudo, pero originalmente hubo dos: el segundo terminó trasladado al zaguán del Palacio de Peredo-Barreda, donde todavía puede verse. El blasón que permanece aquí, timbrado por yelmo y acompañado de una cruz de Calatrava, combina las armas de Bracho —cruces, brazos armados, espada y torre— con las de San Salvador —un león empinado a un árbol y un pequeño escudete con águila—, otro reflejo más de las alianzas matrimoniales que tejieron los grandes linajes de Santillana.
Principales elementos arquitectónicos de la Casa Barreda-Bracho, una de las grandes casonas barrocas de Santillana del Mar y actual Parador Gil Blas.
De palacio a cuartel de la Guardia Civil
A comienzos del siglo XX, la antigua residencia nobiliaria había perdido ya su función original y llegó a servir como cuartel de la Guardia Civil, antes de iniciar la etapa por la que hoy se conoce.
1927: hostería antes que muchos Paradores históricos
En 1927, la casa comenzó a funcionar como alojamiento turístico privado —proyectada para ese uso por el arquitecto Ricardo Churruca y Dotres—, adelantándose a la adaptación de muchos otros edificios históricos que después se convertirían en Paradores emblemáticos. Santillana necesitaba alojamientos capaces de recibir a los primeros viajeros atraídos por Altamira y por el propio casco histórico, y esta antigua casona ofrecía exactamente lo que buscaban: historia, arquitectura y ambiente local.
1944-1946: el nacimiento del Parador
En 1944 comenzó el proceso de incorporación a la Red de Paradores Nacionales, con un proyecto del arquitecto José María Muguruza Otaño fechado ese mismo año. Tras la adquisición y reforma estatal, el Parador remodelado se inauguró oficialmente el viernes 21 de junio de 1946, con 16 habitaciones —nueve en la primera planta, cinco de ellas con baño privado, y siete en la segunda, dos con baño—, calefacción y teléfono. La intervención no buscó un hotel de apariencia moderna, sino recrear el ambiente de una antigua residencia señorial montañesa, con muebles, arcones, cuadros y grabados de época.
¿Por qué se llama Gil Blas?
El nombre no tiene nada que ver con los Barreda ni los Bracho: procede de Gil Blas de Santillana, protagonista de la novela picaresca Histoire de Gil Blas de Santillane, que el escritor francés Alain-René Lesage comenzó a publicar en 1715. Gil Blas nunca existió: es un personaje de ficción, pero su nombre quedó unido para siempre al de la villa que lo vio «nacer» en la literatura.
La vanguardia española se reunió en su jardín
En 1949 y 1950, el jardín del Parador Gil Blas acogió parte de las conversaciones de la Escuela de Altamira, el célebre foro internacional de artistas, arquitectos y críticos —entre ellos Mathias Goeritz, Ángel Ferrant, Ricardo Gullón, Eduardo Westerdahl, Willi Baumeister, Alberto Sartoris, Carla Prina y Pancho Cossío— que buscaba renovar el arte español de posguerra. En 1981, durante los actos de la Fundación Santillana, se colocó en el Parador una lápida en homenaje a aquellas reuniones, con Ricardo Gullón presente en el acto.
El Parador hoy
El establecimiento, en Plaza Ramón Pelayo, 11, mantiene habitaciones de distintas categorías —algunas con chimenea—, jardín, terraza exterior —una de las pocas de su tipo dentro de toda la Red— y el restaurante El Jardín de Gil Blas, centrado en la gastronomía tradicional cántabra. No funciona como monumento visitable de forma independiente, pero la fachada puede contemplarse libremente desde la Plaza Mayor, y determinados espacios pueden conocerse como cliente del hotel o del restaurante.
Evolución de la Casa Barreda-Bracho, desde su origen como residencia nobiliaria barroca hasta su actual función como Parador Gil Blas en Santillana del Mar.















