Casa del Duque de Almodóvar del Río de Comillas


En lo alto de la colina de Moria, dominando una de las mejores perspectivas sobre el litoral de Comillas, se alza una mansión que parece pertenecer más a la campiña inglesa que a la costa de Cantabria: la Casa del Duque de Almodóvar del Río, conocida también como Casa del Duque, palacete del Prado de San José y, popularmente en los últimos años, Casa de la Bruja. Construida entre finales del siglo XIX y comienzos del XX por el arquitecto jerezano Francisco Hernández-Rubio y Gómez, es una de las obras arquitectónicas más singulares de Comillas —y, desde 2025, puede visitarse por primera vez en más de un siglo.
Una mansión pensada para ser vista
La casa se levanta en el Prado de San José, sobre la colina de Moria, muy cerca del Cementerio de Comillas y del Monumento al Marqués de Comillas, dos intervenciones de Lluís Domènech i Montaner con las que forma un mismo paisaje monumental sobre la costa. No fue concebida para integrarse discretamente en el núcleo urbano, sino como una villa aislada dentro de una finca, visible desde distintos puntos y en diálogo directo con el mar.
¿Por qué una mansión inglesa en Comillas?
Durante los veranos de 1881 y 1882, Alfonso XII visitó Comillas invitado por Antonio López y López, primer Marqués de Comillas, y tras él llegaron nobles y familias acomodadas que convirtieron la villa en uno de los destinos aristocráticos más prestigiosos del Cantábrico. A la oleada de arquitectos catalanes —Gaudí, Martorell, Cascante, Domènech i Montaner— se sumó después, ya en los años finales del siglo, esta residencia de inspiración inglesa, reflejo de la fascinación europea por la arquitectura doméstica británica entre las élites de la época.
No todo en Comillas es Modernismo
Conviene no llamar «modernista» a cualquier edificio comillano de alrededor de 1900. El lenguaje principal de esta casa es el historicismo de inspiración inglesa, vinculado a las villas y chalets campestres que triunfaban entonces entre la burguesía y la aristocracia europeas —con algún detalle interior que sí puede relacionarse con la sensibilidad modernista, pero sin que eso defina el conjunto—.


Los duques de Almodóvar del Río
La mansión fue encargada para Juan Manuel Sánchez y Gutiérrez de Castro y su esposa, Genoveva de Hoces y Fernández de Córdoba. Conviene precisar algo que casi nunca se explica bien: el título de duquesa de Almodóvar del Río y marquesa de la Puebla de los Infantes lo ostentaba ella; Juan Manuel lo adquirió como duque consorte al casarse con Genoveva en Córdoba en 1872. Él fue, por derecho propio, una figura política de primer orden: diputado liberal, varias veces ministro de Estado durante la regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, y representante de España en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, que llegó a presidir. Murió en Madrid pocos meses después, el 23 de junio de 1906. Cuando el gobierno de Segismundo Moret propuso concederle el título de Duque de Algeciras en reconocimiento a su labor, Juan Manuel lo rechazó cortésmente con una frase que ha quedado recogida por la Real Academia de la Historia: «El estricto cumplimiento del deber no necesita recompensas». El título acabó recayendo, ya póstumamente, en su madre, Isabel Gutiérrez de Castro y Cossío.
Una casa construida en años decisivos
La construcción de la residencia coincide con uno de los periodos más intensos de la carrera de Juan Manuel Sánchez: fue ministro de Estado durante el Desastre del 98, cuando España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y años después representó al país en Algeciras. Las fechas concretas varían según la fuente —la empresa que gestiona hoy las visitas sitúa el encargo en 1896, mientras el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria y el Ayuntamiento datan la construcción entre 1899 y 1902, y un catálogo municipal antiguo, hoy en desuso, llegó a proponer 1892—. Lo más prudente es hablar de una residencia proyectada en los últimos años del XIX y construida esencialmente entre 1899 y 1902.
Francisco Hernández-Rubio, el arquitecto jerezano
Nacido en Jerez en 1859, Hernández-Rubio se formó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se graduó como número uno de su promoción, y colaboró con arquitectos como Ricardo Velázquez Bosco. Su presencia en Comillas revela una conexión menos conocida que la catalana: las relaciones comerciales entre las navieras y los puertos del suroeste español, especialmente Cádiz y Sevilla, y la villa cántabra.


Arquitectura: asimetría y tejados de pizarra
Frente a la simetría de un palacio clásico, aquí todo es irregular: los volúmenes avanzan, retroceden y cambian de altura, y cada fachada se comporta de forma distinta. El elemento más espectacular son las grandes cubiertas de pizarra que se cruzan a diferentes alturas, con una fuerte inclinación que acentúa la verticalidad del edificio sobre la ladera. La combinación de piedra, ladrillo y madera evita la monotonía de una fachada homogénea, y en la fachada sudeste se conserva un escudo timbrado con yelmo, corona ducal y cimera —una manera de declarar públicamente el rango de sus propietarios, igual que hemos visto en tantas casonas de Santillana del Mar, aunque aquí desde una nobleza titulada muy distinta a la de los hidalgos locales—.

Arquitectura e historia de la Casa del Duque de Almodóvar del Río, una singular mansión de inspiración inglesa situada sobre la costa de Comillas.
Una casa que sigue siendo casa
Hasta el 19 de abril de 2025, la respuesta a «¿se puede visitar la Casa del Duque?» era simplemente no: la mansión llevaba más de un siglo como propiedad privada, todavía vinculada a los descendientes de la familia original, que continúan usándola de forma estacional. Esa continuidad doméstica explica su rasgo más singular: conserva mobiliario, papeles pintados, textiles, fotografías y objetos personales originales, en lugar de salas restauradas y vaciadas. No es un museo recreado. Es, todavía, una casa habitada.


La escalera de Fernando Poo
El elemento interior más espectacular es la gran escalera de madera, de carácter modernista, realizada según la información actual de las visitas con madera procedente de la antigua colonia española de Fernando Poo —la actual isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial—: un pequeño pero revelador testimonio de las conexiones coloniales de la época, materializado en la propia carpintería de la casa. El recorrido incluye también el hall de recepción, el salón y el comedor, todos con su decoración y mobiliario históricos.


La «Casa de la Bruja» y el cine
Publicaciones recientes recogen el sobrenombre popular «Casa de la Bruja», relacionado con su aspecto misterioso, su aislamiento y el hecho de haber permanecido cerrada al público durante generaciones —no hay que presentarlo como una tradición histórica documentada, sino como un apodo contemporáneo—. La propia arquitectura explica el atractivo cinematográfico del lugar: la mansión fue escenario de Al ponerse el sol (1967), dirigida por Mario Camus y protagonizada por Raphael, y décadas después de las películas de terror La herencia Valdemar (2010) y su continuación, La sombra prohibida (2011). También forma parte del recorrido literario municipal dedicado a Puerto Escondido, de María Oruña, como residencia de uno de sus personajes.


Visita, jardín y protección
La visita guiada al interior dura aproximadamente una hora; según la información publicada por el operador, no está adaptada para personas con movilidad reducida. Los horarios cambian según la temporada —con mayor frecuencia en los meses de verano— y requieren reserva previa, por lo que conviene consultar la disponibilidad actualizada antes de desplazarse. El edificio cuenta con protección integral dentro del planeamiento municipal de Comillas, y su finca y jardín —con muro tradicional de mampostería— tienen protección ambiental, formando parte del entorno verde que distingue el casco histórico de Comillas de sus expansiones más recientes.

La Casa del Duque de Almodóvar del Río, una de las residencias más singulares de Comillas, integrada entre jardines y con una privilegiada posición sobre el Cantábrico.


Qué ver cerca
La ubicación permite enlazar con algunos de los principales monumentos de Comillas: el Cementerio de Comillas y el Monumento al Marqués de Comillas están a un paso; desde aquí puede continuarse hacia la Universidad Pontificia, el Palacio de Sobrellano y la Capilla-Panteón, y El Capricho de Gaudí — un recorrido que permite pasar, en poco más de una jornada, del historicismo inglés de Hernández-Rubio al neogótico de Martorell y al modernismo de Gaudí y Domènech i Montaner.








