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 Con el slogan “COMILLAS ESTÁ DE CINE” nace la “Ruta del Cine”, un nuevo atractivo turístico en Comillas con el cine como protagonista.

Mucha gente desconoce que Comillas ha sido el enclave para rodar varias películas de la mano de directores como Mario Camus, J. A. Bardem, Pilar Miró, Daniel Sánchez Arévalo, Narciso Ibañez Serrador, etc… Leer más

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La senda ciclable, más conocida como carril bici, que va desde Suances hasta Barros es una excelente manera de disfrutar de los municipios por los que transcurre. Son 20 kms. de ruta que parte desde Suances, Muelle de los Cantos (km. 1,75), Barrio de San Martín de Hinojedo (km. 6,00), Parque Cantabria Futura (km. 7,00), Viveda (km. 7,50), Barrio Riaño de Dualez (km. 8,90), Ganzo (km. 10,30), la Iglesia de Torres (km. 11,55), Parque de La Viesca (km. 13,10), Cartes (km. 15,30), Riocorvo (km. 16,90), Las Caldas del Besaya (km. 18,40) y Barros (km. 20,00).

Como reza el folleto publicitario de la senda ciclable “Montar en bici o sencillamente caminar es saludable, contribuye a proteger el medio ambiente y es, simplemente, divertido. Queremos invitarte a disfrutar de esta senda peatonal y ciclable que es, sin duda, la mejor manera de disfrutar de un marco de incomparable belleza paisajística y dejarse envolver por la naturaleza y sus encantos.

Además, esta vía se integra dentro del Arco Verde del Besaya (que une Los Corrales de Buelna con Suances, pasando por Cartes, Torrelavega y Santillana del Mar) por lo que se convierte en la excusa perfecta para acercarte a otros municipios.

Y como compañera de viaje siempre vamos a tener la Ría de San Martín de la Arena, llena de historia y actividades y que hoy estamos recuperando y tratando de cuidar con mimo.

En definitiva, ¡hay demasiadas cosas por descubrir como para quedarse en casa!”

El punto de partida desde Suances es el parque de La Ribera, una zona ideal para pasear y disfrutar en familia, junto al parque se encuentra la agradable playa de La Riberuca.  El recorrido del carril es llano en su mayor parte, lo que hace que esta vía sea accesible para todo el mundo. Además, las vistas durante el recorrido junto a la ría son inmejorables. A lo largo del camino hay áreas de descanso para recuperar fuerzas o, simplemente, disfrutar de los espectaculares parajes. Los usuarios de la senda también podrán pasar por encima de la ría, gracias a las dos llamativas pasarelas construidas sobre el agua y que, sin duda, son infraestructuras que merece la pena destacar.

Durante todo el carril bici tenemos diversas etapas con puntos de interés como son:

1. EL PARQUE DE LA RIBERA Y SU RECUPERACIÓN AMBIENTAL
El Parque de la Ribera es un espacio complejo en el que conviven varios ecosistemas sometidos a una fuerte presión humana. Para su recuperación ambiental y ordenamiento de los usos, se han realizado diversas actuaciones:

– Se han diseñado caminos que mejoran el tránsito y que van cambiando de material (sendero de pradera, losas de hormigón, pasarelas de madera, arena de miga y pavimento bituminoso) a medida que atraviesan las diferentes zonas.
– Se ha rehabilitado el sistema dunas mediante aportación de arena, modelado de la misma y plantación de especies propias del sistema, erradicando en su proceso plantas invasoras (yuca, plumero, hierba de asno y uña de gato).
– Se han plantado árboles: algunos de los cuales, mediante su disposición en alineación, refuerzan las entradas y caminos de mayor tránsito.

A lo largo del Parque se puede disfrutar de diferentes vistas situándonos desde las pasarelas, miradores y bancos, alguno de estos últimos en exposición sombreada.

La actividad humana es uno de los grandes modeladores del paisaje. En el entorno del parque de la Ribera se ha querido respetar la relevancia que dicha actividad ha tenido. Para ello, se han elegido como iconos las distintas especies leñosas que, con el tiempo, han ido dando personalidad al paisaje del parque. De esta forma, se podrá encontrar eucaliptos, pinos marítimos, falsas acacias y chopos. Se ha completa el elenco con taras y encinas, especies arbóreas adaptadas a la salinidad ambiental, y con el eleagno, arbusto que soporta bien la poda y que, tallado en ondas al igual que las balizas que protegen el sistema dunas, contribuye a la ordenación del conjunto del espacio del paseo.

Las dunas son ecosistemas frágiles y dinámicos, que evolucionan en función de las condiciones ambientales. Son, además, muy escasos en el litoral cantábrico y albergan a gran cantidad de especies especializadas y, por ende, raras. Es por ello que, en el marco e la construcción de este paseo marítimo, era inexcusable afrontar el reto de recuperar, en la medida de los posible, el sistema lugar que existía en el Parque de la Ribera. Para ello, se ha realizado una pequeña restauración geomorfológica y se han plantado algunas de las especies propias de estos ecosistemas. Se intenta, por tanto, no solo recuperar un hermoso espacio, sino compatibilidad el ocio y el esparcimiento con la restauración ambiental.

2. EL ESTUARIO DE SUANCES, UN AMBIENTE CAMBIANTE
Los estuarios constituyen los humedales más importantes del litoral cantábrico, por su valor ecológico y por su importancia socioeconómica.

En el estuario de la ría de San Martín de la Arena desaguan al mar los ríos Saja y Besaya. La cuenca hidrográfica del río Besaya es la mayor cuenca que existe en Cantabria, tiene una longitud de 47,2 kms., desde su nacimiento en Cueto Ropero en Aradillos (Campóo de En medio) hasta Suances. Abarca una superficie de 1024 km2 y registra un aporte de 777,5 hectómetros cúbicos, lo que representa en la desembocadura un caudal máximo anual de 25,41 metros cúbicos por segundo.

La historia de la cuenca es larga y rica; los romanos ya descubrieron sus posibilidades de comunicación de la Meseta con el mar, a través de “Portus Blendium”. Es el el puerto de Suances en el que desembarcan las tropas aquitanas que lucharon en las Guerras Cántabras, y por donde se transportaba el mineral extraído de las minas de Reocín y Mercadal.

Durante la Edad Media el corredor del Besaya sería la principal vía y ruta de unión entre el Camino de Santiago del Norte con el llamado Francés: monasterios, inglesitas y palacios que aún quedan lo testifican.
A partir del siglo XVI, el puerto de Suances tendrá una gran actividad comercial, que alcanzará su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII.
A mediados del siglo XIX comienza a generalizarse en la villa la práctica de los baños, siendo las playas de Suances el mayor reclamo turístico del municipio, atrayendo a los veraneantes de la época que comienzan a construir sus primeros chalets y villas de recreo.

A pesar de la fuerte presión y contaminación a la que está aun sometida la Ría, es un importante estuario donde se producen intercambios de agua dulce y salada, de nutrientes y sedimentos entre el medio fluvial y el medio marino, así como de energía, al entrar en juego la acción de las mareas.

La confluencia de estos flujos hace que los estuarios presenten una elevada productividad biológica y a la vez hacen que en un mismo espacio existan ambientes muy diversos que son utilizados por una amplia diversidad de especies de fauna y flora, lo que los convierte en importantes reservas de recursos y biodiversidad.

La gran mayoría de las especies que habitan los estuarios son exclusivas de este medio, al que se encuentran perfectamente adaptadas. La transformación de los estuarios, por tanto, pone en riesgo la supervivencia de todas estas especies.

El Convenio RAMSAR sobre Humedales, firmado en Ramsar, Irán, el 1971 los define así: “Se consideran humedales, las extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean éstas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros. Además podrán comprender sus zonas de bordes fluviales o de costas adyacentes al humedal, así como las islas o extensiones de agua marina de una profundidad superior a los seis metros en marea baja, cuando se encuentren dentro del humedal”.

Las aves marinas, como el cormorán, encuentran en los estuarios una fuente inagotable de alimento, al ser este el medio elegido por muchas especies de peces para reproducirse. Durante la pleamar sobrevuelan el estuario y pescan incesantemente. Durante la bajamar aprovechan las numerosas rocas e islas que quedan al descubierto para descansar y reponer fuerzas.

Las aves limícolas se encuentran perfectamente adaptadas. Sus largas y ligeras patas evitan que se hundan en el fango y sus largos y afilados picos les permiten capturar los gusanos, cagrejillos, etc.. que se esconden en el fango. Al contrario que las aves marinas se alimentan durante la bajamar en los arenales y fangos intermareales que quedan al descubierto y descansan durante la pleamar en rocas y arenales que quedan aislados por el agua.

Pero no solo las aves se benefician de los recursos que ofrecen los estuarios. A lo largo de la historia la sociedad ha fijado su residencia cerca de los estuarios por el mismo motivo, explotar los recursos. En los estuarios se dan las condiciones ideales para establecer puerto, al refugio de temporales y de las olas. En torno a los estuarios surgen innumerables oficios estrechamente ligados a la historia de las villas marineras: pescadores, marisqueros, conservemos, carpinteros de ribera, molineros, etc… o más recientemente la industria del turismo.

3. LOS HUMEDALES DE LA RÍA DE SAN MARTÍN DE LA ARENA
Los humedales de la ría de San Martín de la Arena de Suances son espacios vitales para una gran variedad de aves.

Uno de los grupos faunísticos mejor representados en los humedales son las aves, una rica biodiversidad consistente en alrededor de cien especies diferentes de caes acuáticas que a los largo del año utilizan y dependen de los humedales para alimentarse, reproducirse o simplemente descansar.
Entre las aves que utilizan los humedales predominan dos grandes grupos:
1. Las aves “zancudas”, en referencia a sus patas, en general largas y finas.
2. Los patos y gansos – conocidos en conjunto ojo “anátidas”.

A las aves zancudas se las suele ver en orillas o en aguas someras, removiendo los sedimentos con sus patas o introduciendo el pico en el agua o en el fango. Las aves zancudas se pueden dividir en dos grandes grupos: las limícolas que son aves zancudas de pequeño y medio tamaño que se alimentan de moluscos, crustáceos e invertebrados que encuentran en el fango y otras aves más grandes formadas por garzas, espátulas, cigüeñas, etc.

El otro gran grupo de aves que nos encontramos en los humedales son las apáticas (patos y gansos), aves de pico plano, cuerpo rechoncho y patas palmeadas que buscan su alimento andando o buceando en aguas someras (algunas son grandes buceadoras) en busca de plantas acuáticas, o en las praderas y campos de cultivo próximos.

Otras muchas especies como las aves marinas (gaviotas, fumareles, charranes y cormoranes…); zampullines y somormujos; pequeños paseriformes (escribano palustre, ruiseñor bastardo, carnicero, lavandera cascadeña…) que habitan los bosques de ribera o los carrizales; otros como el martín pescador o el mirlo acuático, y algunas rapaces que se alimentan en los humedales (aguilucho lagunero o águila pescadora) también forman parte de la rica diversidad ornitológica vinculada a los medios acuáticos.

Esta avifauna presenta una gran variedad de colores, formas, hábitos y estrategias de vida; todos seleccionados naturalmente a lo largo de una proceso de adaptación al medio, para que cada especie cree y aproveche sus propios recursos y espacio ecológico.

Vestigios arqueológicos
Durante la ejecución del tramo de la Vía verde del Besaya, a la altura de Cortiguera, se realizó un seguimiento arqueológico de las obras que permitió detectar restos de estructuras y vestigios materiales que nos informan de las actividades desarrolladas en la zona del muelle de los Cantos, próximo a Cortiguera, estrechamente relacionadas con el tránsito de minerales y las explotaciones generadas en el entorno a la Ría de San Martín de la Arena.
La abundancia de sílex detectada en el embarcadero de Los Cantos procede de los periódicos dragados de la ría para desobturar el canal de navegación. Estos materiales formaban parte de los lastres de las embarcaciones que llegaban hasta aquí para cargar mineral que se extraía en Reocín.

El Convento de Santo Domingo en Cortiguera
El Convento de Santo Domingo de Cortiguera remonta su existencia al siglo XI y se relaciona su construcción con el emplazamiento del pueblo antiguo de Cortiguera.
El conjunto religioso comprendía un cementerio y una ermita de cuyos restos no existe constancia en la actualidad. Su desaparición se atribuye a la explotación de la cantera cercana de donde se extraía la piedra para la canalización de la ría y cuya cantera ha sido tapada hace pocos años.

Los encinares del embarcadero de los Cantos
Los encinares de Quercus ildx son una de las formaciones vegetales más representativas del litoral cantábrico. A pesas de tratarse e una especie eminentemente mediterránea, las encinas cantábricas contrarrestan el exceso de humedad ambiental colonizando acantilados o
raqueros calizos. Muy cerca de la pasarela más larga del carril bici que cruza la ría entre Suances e Hinojedo se pueden contemplar un ejemplo de encinares.
Los encinares son nuestros únicos bosques de hoja perenne y en ellos las encinas conviven con madroños, aladiernos, labiérnagos, espinos y una amplia variedad de especies, creando unas condiciones muy particulares muy favorables para la fauna.

4. EL MUELLE Y EL CARGADERO DE HINOJEDO
En el último tercio del siglo XIX, época del comienzo de industrialización y fruto de ésta, se produjo una transformación en la economía de la comarca torrelaveguense y sus alrededores. La Real Compañía Asturiana de Minas comenzó la explotación de las minas de Reocín en 1856, esta fue también, responsable de la construcción del dique de encauzamiento y canalización de la Ría de San Martín en el año 1878. Se instalados numerosos asentamientos fabriles, entre ellos, la fábrica de Solvay de 1908, además se acordó en ese mismo año la construcción de un pequeño puerto en requemada costeado por la Real Compañía y por Solvay.

La navegación por la ría de San Martín de la Arena fue a finales del siglo XIX una concesión administrativa del Estado a la Real Compañía Asturiana de Minas con el fin de que ésta canalizase la ría hasta Hinojedo y una vez allí, se pudiese cargar en barcos el mineral procedente de la mina de Reocín a través del ferrocarril minero. Se instaló entonces un muelle en Hinojedo que sirvió como cargader de minera de la Real Compañía Asturiana de Minas durante prácticamente un siglo entero.

Las infraestructuras varias avanzaron, se inauguró la carretera a Asturias hacia 1840, y la de Barreda a Suances en 1897. También fue muy importante para el desarrollo de la zona, el establecimiento de las primeras instalaciones balnearias en el entorno de la playa de La Concha de Suances desde el 1875 al 1902, localidad que pasó a convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes de la región.

Al sur del municipio de Suances, junto al Alto de la Masera, la Real Compañía Asturiana de Minas, estableció en 1921 en el margen derecho de la Ría de San Martín, la fábrica de Hinojedo. Su actividad centra en la tostación de minerales, obteniendo como productos finales dióxido de zinc (SO2) sólido y líquido. Es así como Hinojedo queda englobada dentro de la gran comarca industrial Saja-Besaya.

El 8 de octubre de 1957 se constituyó AZSA (Asturiana de Zinc, S.A.). Durante la década de los sesenta, los centros industriales y mineros de la RCAM (Real Compañía Asturiana de Minas), comenzaron a sufrir problemas económicos, asó que, en pago a la deuda acumulada por las compras de zinc, AZSA, fue recibiendo de la compañía belga diferentes activos industriales, hasta que por el precio simbólico de una peseta adquirió todas las acciones en 1983, hasta que la RCAM fue completamente absorbida. Pero, la antigua concesión del Estado de la Ría de San Martín caducó por esos años, así que las instalaciones de Hinojedo comenzaron a cambiar su sistema de transportes, se comenzó a transportar el material por carretera, se dejó de utilizar el muelle, como consecuencia de ello, lo mismo ocurrió con la vía que unía la mina de Reocín con el puerto de Hinojedo que fue desmantelada. Finalmente la propia mina de Reocín cerró su explotación por agotamiento de recuerdos en el año 2003.

5. EL BAMBÚ JAPONÉS (FALLOPIA JAPONICA): UN INVITADO NO DESEADO EN LAS RIBERAS DE LOS RÍOS SAJA Y BESAYA

Nadie puede afirmar a ciencia cierta cuándo ni cómo esta planta de origen asiático llegó a las riberas de los ríos Saja y Besaya, aunque parece seguro que los primeros ejemplares llegaron invitados para decorar parques y jardines.

Lo que es fácil de comprobar sin embargo es que cómo estos invitados han decidido quedarse y transformar el rico sotobosque natural de los bosques de ribera, formados por una gran diversidad de plantas (helechos, zarzas, sauces, etc…) en un manto monoespecífico (una sola especie) de bambú japonés.

El bambú japonés es una planta invasora de gran capacidad expansiva. Llega a crecer hasta 10 cms. al día, puede alcanzar los 3 metros de altura y sus tallos llegan a extenderse hasta 7 metros de la planta.

Su erradicación es muy compleja y requiere un esfuerzo muy grande y continuado, ya que tiene una gran capacidad de rebrote y de cada fragmento de raíz que queda en el terreno puede crecer una nueva planta.

Entre la vegetación que caracterizan a nuestra región se han “colado” especies originarias de zona geográficas lejanas que suponen una amenaza para la biodiversidad, son las denominadas especies exóticas o especies invasoras.

Se trata de especies, animales y vegetales, procedentes de lugares lejanos (América, Asia…) que han entrado de manera accidental en nuestros ecosistemas y que se han valido de su capacidad de adaptación y rápido crecimiento para competir favorablemente con las especies autóctonas y expandirse.

Cuando entran en un ecosistema, las especies invasoras no tienen depredadoras o factores licitantes que controlen el crecimiento de su población y se extienden sin control desplazando a las comunidades biológicas autóctonas y rompiendo así el equilibrio ecológico.

La proliferación de las especies invasoras es en la actualidad la segunda causa de pérdida de diversidad biológica a nivel mundial. En la zona del carril bici abundan las siguientes plantas invasoras junto a las anteriormente descritas:
– La Chilca (Bacharis halimifolia), un arbusto de origen americano que ha colonizado también las riberas de otros estuarios cantábricos, desplazando a la vegetación autóctona.
– La Falsa Acacia (Robinia pseudoacacia), un árbol de origen americano muy extendido en los bosques de ribera cantábricos. Su presencia se hace especialmente relevante en zonas próximas a explotaciones mineras en las que debido a su rápido crecimiento ha sido utilizada para consolidar taludes arcillosos.
– El Plumero (Cortadeira selloana), es la más conocida de las especies invasoras. Es una planta de origen sudamericano (se la conoce también como hierba de la Pampa) que llegó a nuestra región a mediados del siglo pasado como planta ornamental. En época de floración, a finales de verano, cada planta produce una gran cantidad de semillas que son dispersadas por el aire. Es una especie oportunista que ocupa con gran rapidez terrenos baldíos y removidos (escombreras, márgenes de carreteras y vías de tren, etc…)

En Europa hay inventariadas 10.822 especies exótica, de las que un 10-15% (apróx. 1200) son también invasoras y representan un riesgo potencial para la biodiversidad.

Controlar la expansión de estas especies en una responsabilidad de todo. Tú también puedes colaborar informando a la Consejería de Biodiversidad de la localización de estas especies o retirando las que se encuentren en tu propiedad. En la web www.dgmontes.org podrás encontrar información sobre cómo reconocerlas y cómo combatirlas.

6. EL NACIMIENTO DE UN COLOSO INDUSTRIAL: SOLVAY
En el último curado del siglo XIX el proceso de industrialización comienza a dar sus primeros pasos en la comarca de Torrelavega con la instalación de pequeñas fábricas de sacos, chocolate, calzados, lejía y jabón. En 1898, año de la pérdida de la última colonia española de ultramar, se instala con éxito la Azucarera Montañesa con la idea de sustituir a lo que habían sido las importaciones de azúcar de Cuba con una producción obtenida a partir de la remolacha traída de Castilla. Años después, en 1927, pasaría a ser la Lechera Montañesa.

En 1883, en la ciudad de Couillet (Bélgica) el químico Ernest Solvay (1838-1922), comienza fundando una primera fábrica en la que obtenía carbonato sódico o sosa a partir de la caliza y la sal por medio de un método, en vigor aún, conocido como “Proceso Solvay”. Esta fábrica belga fue el origen de una importante red de fábricas que se instalaron en los principales países industrializados de Europa.

Fue así como en los antiguos terrenos de cultivo de La Barca y La Hocada y la vieja escuela de Barreda, se establece la fábrica de Solvay, a orillas de la confluencia de los ríos Saja y Besaya, aprovechando además la cercanía a algunos yacimientos minerales.

Su implantación será clave para el desarrollo socioeconómico del Besaya, a partir de su inauguración en 1908 cuando Barreda recibió la visita del rey Alfonso XIII, siendo alcalde de Torrelavega Don Francisco Rodriguez Piró y Don Paul Alban director del centro industrial de Solvay en Barreda.

Al oeste de las fábricas se planificó una amplia área residencial y social, tanto para directivos como para empleados y obreros siguiendo el modelo estético y arquitectónico belga de la época.

Aún hoy se conservan algunas de las viviendas, entre las que destacan las viviendas de los directivos construidas en 1905 o el Barrio Obrero construido en 1901, un barrio compuesto de un conjunto de viviendas colectivas dispuestas en bloques en hilera. Además de lo que fueron las viviendas, se completó el núcleo residencial con un lavadero público, una Casa Cuartel para la Guardia Civil y un campo de fútbol en 1916, todo ello dispuesto bajo una planificación urbanística ejemplar en la que calles dotadas de un frondoso arbolado separaban unas zonas de otras.

Más tarde fue construida la Iglesia de Santa María de Barreda, obra de Valentín Ramón Lavin de Noval entre 1940 y 1950, proyectada bajo otro estilo arquitectónico con líneas clasicistas propias del estilo herrerillo con la tradición ya propia de los edificios religiosos de la Montaña.

Para los hijos de los empleados se levantó un centro escolar en 1914, arquitectónicamente simétrico con un cuerpo central y dos alas que albergaban las aulas separadas de niños y niñas, de estilo ecléctico, propio de la Europa de principios del siglo XX y también de ladrillos, como el resto de los edificios, se construyó en 1912 El Casino de Recreo, para uso de empleados, al que en 1927 se incorporó un cine-teatro.

En este carril bici, con Solvay y la ría a la izquierda y el Puente que cruza de Barreda a Viveda enfrente encontraremos el Bosque Cantabria Infinita, un proyecto de la Consejería de Medioambiente que consistió en plantar un árbol autóctono (roble, fresno, laurel, aliso, sauce negro y sauce blanco, tilo, a cebo, abedul arraclán y avellano) bajo el apadrinamiento de niños que nacieron durante 2009 y 2010, en colaboración con la empresa Solvay que ha cedido el uso de esos terrenos para tal fin.

7. LA MIES DE DUALEZ-GANZO, UN EJEMPLO DE TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO PRODUCTIVO: SNIACE
La mies de Dualez y Ganzo ha sufrido como pocos lugares en Cantabria, las consecuencias de la transformación del modelo económico rural tradicional, basado en el aprovechamiento integral de los recursos de la tierra para el sustento familiar en un modelo económico basado en la producción industrial.

La estructura socioeconómica de las sociedades rurales de Cantabria había permanecido prácticamente inalterada desde la edad media hasta las primeras décadas del siglo pasado, cuando aparece en Cantabria la gran industria moderna y con ella la transformación del modelo económico, productivo, social y en consecuencia la metamorfosis del paisaje tradicional.

En el año 1939 se implanta en este lugar la Sociedad Nacional de Industrias Aplicaciones Celulosa Española, S.A. (SNICE), ocupando en su totalidad la mies y poniendo fin al soporte territorial tradicional de la comunidad campesina.

El nacimiento de SNIACE supone un paso adelante decisivo en el fenómeno de industrialización de Cantabria, de manera muy especial de la comarca del Besaya, y convierte el sector químico en el motor económico de la región. SNIACE centra su actividad en la producción de celulosa y fibras textiles artificiales, alentada por la creciente demanda de un sector muy deficitario y en el marco de una política basada en la industrialización y el desarrollismo.

El eje de la organización territorial tradicional de Cantabria ha sido siempre el núcleo de población: la aldea, el pueblo o los barrios, en torno al que se extendía el terreno productivo, roturado, fértil y dedicado a la producción agrícola para alimento de personas y animales: la mies.

¿Por qué SNIACE elige este emplazamiento?
Entre los factores que determinaron el emplazamiento de SNIACE se encuentra que la materia prima necesaria en este proceso productivo era la madera y de forma muy especial la madera de eucalipto y Cantabria contaba ya en estas fechas con reservas y plantaciones significativas de esta especie. La madera de eucalipto había sido utilizada hasta entonces en la minería, pero la caída de la demanda para este sector hizo que los propietarios de las plantaciones promoviesen la implantación de una industria que precisase del eucalipto como materia prima, encontrando un apoyo institucional que favoreció al avance del eucalipto por encima de los usos tradicionales del monte.

Por otra parte, la fabricación de SNIACE se apoya en los productos y subproductos de la otra gran industria química de la comarca, SOLVAY, asentada ya desde principios de siglo. Fabricar celulosa necesita madera y transformar ésta en fibra textil precisa componentes químicos como el bisulfito cálcico (obtenido de la pitira de hierro y la caliza), la sosa cáustica o el cloruro de calcio.

A su vez, Torrelavega se encuentra estratégicamente ubicada en un nudo de líneas férreas que garantizan el abastecimiento y la comercialización de los subproductos.

La transformación del paisaje tradicional
El paisaje refleja la organización que la sociedad hace del territorio para su explotación. Generación tras generación la sociedad ha ido construyendo el territorio interviniendo sobre las estructuras rurales heredadas de sus antecesores, transformándolo y adaptándolo a sus necesidades y a las exigencias productivas de cada momento histórico.

La etapa industrial y en especial la implantación de SNIACE, supone la transformación definitiva del territorio en el entorno de Torrelavega, al ocupar en su totalidad la mies de Ganzo y Dualez, desapareciendo en su mayor parte el sustrato territorial de la comunidad campesina.

El Barrio de Riaño, ubicado en plena mies, se ha mantenido en parte al margen de la industrialización del terrazgo tradicional. Este barrio aún conserva la estructura propia del doblamiento preindustrial, con viviendas adosadas que crecen formando barriadas alargadas a medida que lo hacen las familia, dotadas de pequeñas cuadras que conviven con el uso mixto de la vivienda, es decir servían tanto para las familias que trabajaban en el campo al mismo tiempo que en la industria.

8. ENTRERRÍOS. LAS CONFLUENCIA DE LOS RÍOS SAJA Y BESAYA.
La comarca de Torrelavega presenta actualmente un paisaje muy distinto al que tenía hace poco más de un siglo, como consecuencia de la intervención humana, primero en la actividad agrícola, después de la minería (zinc, hierro, plomo, sal y extracción de piedra caliza), comenzando esta con la explotación de las minas de Reocín en 1856, y finalmente con la implantación industrial, del ferrocarril y de infraestructuras viarias.

Lugar de gran importancia geográfica fue y es la unión de los cauces del río Saja y el Besaya, denominada Entrerríos y Entramburrios, confluencia de dos valles y punto estratégico que se vio alterado a finales del siglo XX con la construcción de la Autopista del Cantábrico cuyas estructuras transformaron profundamente el paisaje.

Con la puesta en marcha de la explotación de las minas de Reocín, antiguo núcleo rural próximo a Torres, a finales del siglo XIX por la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM), el paisaje antes existente sobre el arroyo de La Barquera desapareció pues el cauce de éste fue desviado y utilizado para alimentar instalaciones industriales. Después se fueron también creando los distintos diques de decantación y depósitos de inertes formando un característico paisaje escalonado. La RCAM comenzó entonces a explotar en 1856, esta zona, importante yacimiento de blenda y galena descubierto por el industrial belga Julio Hauzeur en 1853, al detectar en las tapias de la localidad de Reocín la presencia de calamina. La explotación de la mina fue a cielo abierto hasta que se empezaron a construir rampas subterráneas. En 1936 se inauguró el Pozo de Santa Amelia. El material de las minas de Reocín se enviaba a Arnao en Asturias mediante un ferrocarril minero que realizaba el transporte entre las instalaciones de Reocín y Torres, y de éstas hacia el puerto de Requejada. Parte del trazado del ferrocarril minero forma parte de la vía ciclista entre Suances y Barros.

En 1927 el ingeniero Leopoldo Bárcena desarrolló el primer lavadero de flotación diferencial de Europa. Hubo también un laboratorio central en Torres para análisis y control de la producción y para la investigación de las técnicas de tratamiento de los minerales. En 1976 se retomó la explotación a cielo abierto nuevamente, y ya vinculada a la Compañía Asturiana de Zinc (1981-2003), cesa sus actividades por agotamiento de recursos. Cabe destacar el nacimiento en 1956 de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Minera de Torrelavega bajo la influencia de la mina de Reocín y con el apoyo de las empresas propietarias.

La mina fue durante siglo y medio un punto de referencia internacional de la industria del zinc, un relevante recurso natural de la economía española, lugar de trabajo y forma de vida de miles de personas de Torrelavega y su comarca. Hasta más de 3.000 personas llegaron a trabajar en la mina, en algunos momentos, número que con el tiempo se fue reduciendo. Aquí se centralizaban las actividades de investigación, prospección e incluso explotación de muchas otras zonas de España y del extranjero.

Las empresas explotadoras de la mina fueron la empresa RCAM de 1856 a 1983, era una empresa de capital belga con domicilio social en Bruselas. Dedicada a la minería, metalurgia y transformación de metales no férricos. La otra empresa fue AZSA, de 1981 a 2003, de capital español fundada en 1957 y ligada a la anterior al hacerse cargo de la Mina de Reocín y otras propiedades mineras de la RCAM.

Atravesando el río Saja se encuentra el puente de Ganzo. Fue levantado a principios del siglo XVIII gracias a la aportación de Don Francisco de Carriedo y Peredo, nadie en Ganzo, caballero de la Orden de Calatrava, alcanzó la graduación de militar y fue alcalde de Manila, en las Islas Filipinas, por aquel entonces todavía española. Estrepunte, símbolo del lugar de Ganzo, es de sillería con amplios arcos de medio punto, uno de ellos fue destruido a principios del siglo XX como consecuencia de una riada y su reparación fue llevada a cabo por el ingeniero Don J. Eugenio Ribera, autor del puente de Golbardo, primer puente arco de hormigón armado de España. Don J. Eugenio Ribera nació en Lisboa en 1864 y murió en Madrid en 1936, fue uno de los primeros investigadores del hormigón armado en España y una de sus aportaciones más importantes fue la patente de un sistema propio de armadura para estructuras de hormigón que evitaba costosas cimbras de apoyo. Fue además el primer Ingeniero de Caminos que fundó una empresa de ámbito nacional (posteriormente internacional), dedicada a las obras públicas con un alto nivel tecnológico, a base principalmente del uso de hormigón armado con la ayuda de medios auxiliares modernos y procesos constructivos originales reduciendo el coste de la mano de obra.

9. EL ACCIDENTE DE LA MINA DE REOCÍN
El decaimiento del negocio del carbón, a partir de mediados del siglo XIX, obliga a reorientar los intereses de las empresas mineras hacia la explotación de zinc. Tal y como dijimos anteriormente en 1853 se produce el descubrimiento del yacimiento de Reocín, por el industrial belga Jules Hauzeur, a la postre uno de los más importantes de Europa. Las características geológicas de esta zona, concretamente su tipo de mineralización, ha favorecido la presencia de la calamina, blenda, galena y pirita, que se han venido explotando de forma ininterrumpida cerca de 150 años, hasta el cierre del yacimiento en 2003.

En las primeras concesiones de la mina de Reocín el mineral se extraía a mano de las denominadas “tierras buenas”, ricas en calamina y las gangas o sobrantes se depositaban en escombreras próximas al yacimiento. Tras el proceso piro metalúrgico de reducción del óxido de zinc por el carbón, el mineral era transportado al Puerto de Hinojedo, primero en carretas de bueyes y, a partir de 1881, en ferrocarril. La disminución de reservas a cielo abierto obligó a desarrollar labores subterráneas, alcanzando hasta los 80 metros bajo el nivel del mar. Al agotamiento progresivo de minerales oxidados, consecuencia de la mayor profundidad del yacimiento, le sucede la explotación de minerales sulfurados, que dio lugar a la primera planta de flotación de Europa, en 1922, sustituida en 1927 por el Lavadero de Flotación de Diferencial de Torres. En estos mismos años se construye el Pozo de Santa Amelia, construido en 1936 y en activo hasta el cierre definitivo de la explotación en 2003.

El complejo minero del Reocin adquiere tal magnitud que su influencia territorial y socioeconómica es del alcanzo, cuando menos, regional. Junto a las infraestructuras puramente extractivas se construyen diversas edificaciones para las familias de los trabajadores e ingenieros, tales como la iglesia, un economato y un hospital.

En “La Luciana”, frente al barrio “La Barquera”, junto al río Besaya, se liberaba el mineral y quedaban los sobrantes que se acumulaban mediante un sistema de diques y terrazas formando una montaña artificial de estériles, que aún hoy perdura.

A las diez y media de la mañana del 17 de agosto de 1960, se produjo la rotura del embalse de lodos de la mina de Reocín. Un deslizamiento de los materiales acumulados produjo la rotura del dique que no fue capaz de resistir el empuje. Su rotura dejó correr violentamente más de 30.000 toneladas de tierra, barro y estériles. Muchas viviendas quedaron sepultadas, y 18 personas murieron trágicamente, la mitad de ellos niños. Desde aquí recordamos sus nombres:

Eugenia Terán Terán
Avelina Gutiérrez Peña
Manuel Echevarría Gutiérrez
María Teresa Echevarría Gutiérrez
Mercedes Martínez García
Antonio Carlos Oliver Perdigón
Agustina Ramírez Martínez
María Estrella Oliver Ramírez
Emilio Oliver Ramírez
Jesús Oliver Ramírez
Amelia Mantecón Pérez
Margarita Arciniega Mantecón
Felisa Arciniega Mantecón
Claudio Ortiz López
Manuel Rodríguez Fernández
Dolores Abelló García
Nélida Rodríguez Abelló

Además se produjo un gran arrastre de agua y lodo produciendo una importante avenida aguas abajo del Besaya hasta la altura del puente de “Los Italianos”, a casi cinco kilómetros, en Barreda. Desapareció el antiguo puente de “La Barquera”, buena parte de las casas de los trabajadores, el ferrocarril minero y parte del antiguo hospital. Milagrosamente ocho enfermos reposaban al cuidado de una enfermera fallecida en el accidente en el viejo hospital de AZSA, pudieron salvarse.

En dos días, se sucedieron los entierros multitudinarios, las fábricas de la comarca suspendieron su actividad, y el accidente tuvo una amplia repercusión en la prensa nacional, sin embargo nunca se determinaron las responsabilidades ni las causas del mayor accidente minero en Cantabria.

Cinco años después, el 7 de enero de 1965, hubo un segundo accidente sin dejar víctimas, pero con innumerables daños dejando a cien familias sin vivienda, lo que motivó el paulatino “éxodo” hacia Torrelavega.

En 2003, tras 140 años de explotación y 80 millones de toneladas extraídas, el que fuera mayor yacimiento de zinc de Europa cerró para siempre. En un convenio con el Gobierno regional, todas las propiedades de la mina pasaron a ser públicas. El antiguo hospital minero es ahora un centro de interpretación medioambiental, el “zanjón” de excavación un inmenso lago artificial, y los depósitos estériles forman parte del Parque de La Viesca.

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Escultura que simboliza el homenaje a las 18 personas que perdieron la vida en 1960 por el accidente de la mina de Reocin

El 17 de agosto de 2010 (50 años después de la tragedia de “La Luciana”), se instaló cerca del Parque de La Viesca la escultura que simboliza el homenaje a las 18 personas que perdieron la vida en 1960 por el accidente de la mina de Reocin, conmemorando así el 50 aniversario de la tragedia. El monumento está formado por dieciocho monolitos dispuestos en una cuadrícula de cinco por cuatro espacios, que con sus diversas alturas recuerdas a las víctimas, tres hombres, seis mujeres y nueve niños, agrupados por familias. Los volúmenes se han ejecutado con zinc colado y se han situado a la sombra de una gran palmera testigo de los vestigios de una pasada vida doméstica.

EL PARQUE DE LA VIESCA

El parque de la Viesca es el paisaje resultante de la actividad extractiva de uno de los yacimientos de zinc más importantes de Europa, durante casi 150 años. Se extiende entre los municipios de Cartes, Reocín y Torrelavega, delimitado por el río Besaya entre el puente de Cartes y el barrio de Torres. Hoy día la Viesca es el principal espacio verde de la ciudad de Torrelavega, conectado a través de dos esbeltas pasarelas peatonales con el Barrio de Covadonga.

Su aspecto actual es muy diferente la paisaje kárstico original, cuyas formas abruptas fueron paulatinamente colmatadas e igualadas por un conjunto de terrazas y escombreras en torno al gran cráter formado por la explotación a cielo abierto. En 2004 la Consejería de Medioambiente llevó a cabo la Restauración Ambiental del Entorno Minero de la Viesca, convirtiendo parte del antiguo complejo minero para su uso como espacio público y de ocio, recibiendo el apoyo y atención de vecinos de Torrelavega y en especial del Barrio de Covadonga. De este modo se rehabilitó y revitalizó una zona históricamente sometida a una fuerte degradación por su actividad minera convirtiéndola en un amplio conjunto para el disfrute de las cercanas poblaciones de Torrelavega y Cartes. También fue rehabilitado el antiguo hospital de AZSA y su entorno, reconvirtiéndose en un edificio, como hemos disco anteriormente, en el que se llevan a cabo actividades relacionadas con la gestión medioambiental.

En el parque de la Viesca destacamos el Puente de la Barquera que fue construido hace más de 80 años por la Real Compañía Asturiana de Minas para comunicar los accesos a la explotación minera con la ciudad, se trata de una pasarela metálica de 60 metros de luz y de apenas 1,5 metros de anchura. Unos 300 metros río abajo existe otra pasarla peatonal de construcción más reciente y de 65 metros de longitud que está suspendida mediante cables de acero sobre dos pórticos de hormigón situados en cada extremo del Besaya.

A lo largo del parque, existen diferentes zonas entrelazadas, desde zonas verdes, donde prima el uso colectivo, a los rincones recogidos, los espacios de sol y sombra o áreas más boscosas. Para ello de acondicionó el terreno para la reforestación, se llevaron a cabo plantaciones de árboles y arbustos, siembra de especies pratenses así como diverso mobiliario urbano. Para recorrer este espacio existen diversos caminos peatonales, además del carril bici que nos ocupa y que aprovecha la plataforma de la antigua vía férrea empleada para transportar el mineral hasta la planta y cargadero de Hinojedo.

Muy cerca de La Viesca se halla otro elemento de recuperación ambiental muy singular: es el denominado zanjón, que hace referencia a la que fuera la gran explotación a cielo abierto de la compañía minera AZSA. Ahora está inundado con el agua que aflora del subsuelo, y se ha convertido en un gran lago artificial de 306.000 metros cuadrados. De esta forma, se podrán destinar a uso público los terrenos industriales que quedaron libres tras concluir, en 2003, las explotaciones mineras, ahora propiedad del Gobierno cántabro.

En cuanto a la diversidad de especies en el parque, la riqueza vegetal se había establecido ya de forma espontánea, mediante especies como la cola de caballo, el electo común, el laurel, el saúco, el roble, el plátano, el olmo y el fresno. Para incrementar la variedad en el parque se plantaron también especies autóctonas como el arce silvestre, majuelo y avellano; además de otras ornamentales, como el roble americano o el castaño de indias. Esta diversidad acoge destacados asentamientos y presencias más esporádicas de pequeños mamíferos, roedores, aves rapaces, pájaros y reptiles, además de la muy estimable entomofauna, referida a los insectos. El Parque de la Viesca cuenta en toda su extensión con más de 1.000 árboles de diferentes especies.

 

VÍDEO SOBRE EL ACCIDENTE DE LA MINA DE REOCÍN:

VÍDEO DEL CARRIL BICI DESDE LOS CORRALES HASTA SUANCES: